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La Revolución de 1858




Pintura anónima sobre las revoluciones de Arequipa 

El gobierno de Castilla surgido de la Batalla de La Palma, provocó diversos intentos de rebelión. Arequipa no era ajena a ellos. El 31 de octubre de 1856 el pueblo de Arequipa dirigido por el célebre caudillo Domingo Gamio y por Diego Masías se rebeló a favor del general Manuel Ignacio de Vivanco. "La rebelión de Arequipa en 1856 llegó a alcanzar dimensión nacional poniendo en serio peligro al régimen de Castilla y a la Convención Nacional" afirma Basadre.

Esta revolución se hizo -como lo señala el Deán Valdivia a favor del general Vivanco, cuando éste se encontraba en Chile. Estando él ausente los vivanquistas de Arequipa iniciaron el movimiento, aunque quiso que el estallido subversivo se produjera en la misma capital, hubo de someterse al pronunciamiento de Arequipa que llamaba al "Regenerador". Dice Basadre: "Llegó esta vez el caudillo a la ciudad que tanto lo amara, sin los arrestos de antaño". Expresó en una proclama del 1ro. de noviembre de 1856 que la historia republicana del Perú ha sido una larga serie de calamidades y que en vano, desde 1841 él y Arequipa han luchado para detenerlas. Dice que la regeneración está muy lejana y hay que limitarse a "apuntalar" el edificio social que se derrumba.

Vivanco, Supremo Director en 1843, candidato en 1851, "maccamama" en 1854 el que pega a su madre: Arequipa, y "Apuntalador" en 1856 revelaba un cambio tremendo: todo el afán redentor de los años mozos "se había secado en el páramo de una dura experiencia". Su beligerancia era ahora defensiva contra el liberalismo y el caudillismo castillista; no era más la ofensiva de las clases cultas contra la ineptitud ni el autoritarismo ilustrado que encarnó. Arequipa una vez más, le brindó su apoyo leal y se sacrificó con un heroísmo y una bravura realmente extraordinarias. Probablemente las páginas más brillantes de la lucha popular de Arequipa fueron escritas con sangre y lágrimas entre 1857 y 1858. Han sido tomadas como base para la hermosa novela "Jorge el Hijo del Pueblo" de la celebrada autora María Nieves y Bustamante, que se ha convertido, en cierto modo, en el símbolo de lo que representó Arequipa en la historia republicana: "una pistola que apuntaba al corazón de Lima" como dijo Basadre.




Si Vivanco tuvo un programa no consiguió desarrollarlo ni aplicarlo sino parcialmente durante el Directorio, Castilla resultó como un recio soldado, un pragmático. Proverbial es la cazurrería del Gran Mariscal recogida en las Tradiciones de Ricardo Palma y reconocida en muchas anécdotas que se le atribuyen. Fue Castilla quien se refería, entre burlón y despectivo, a Vivanco, Llamándolo "cadete de Cambray" refiriéndose a la atildada elegancia del caudillo limeño.


El enfrentamiento -guerra civil o revolución- de 1856 a 1858 enfrentó a "castillistas" en el gobierno con los "vivanquistas" arequipeños, no es solamente la expresión de una vieja rivalidad entre ambos caudillos, afirma J.G. Carpió Muño.. No se trata de un asunto personal. La tesis de estos autores que Arequipa se rebeló contra Castilla porque éste traicionó desde el poder el programa de la rebelión de 1854, avalando las medidas fraudulentas de Echenique que permitieron la transferencia de la riqueza fiscal del guano a manos de los aristócratas limeños y caudillos militares. Desde el poder, continúa este punto de vista de Carpió, avalando las medidas económicas de Echenique, Castilla terminó aplastando militarmente a la aristocracia y pueblos arequipeños. Consolidando de esta manera la alianza y hegemonía de los caudillos militares y los aristócratas limeños sobre un país que más parecía un archipiélago, por desarticulado.

Podía pensarse que después de tantos años de fracasos y de su vano gesto de "macamama" Vivanco había quedado hundido políticamente; pero entre él y el pueblo de Arequipa existía una compenetración de un origen probablemente emotivo más que de otra índole. Arequipa, dice Basadre, tenía que volver a sentirse compenetrada con su viejo caudillo al evidenciarse su afinidad de sentimientos acerca de las reformas liberales de la Convención.
Los revolucionarios arequipeños de 1856 atacaban a Castilla y a Elias, al primero porque sus justas y políticas medidas aboliendo el tributo indígena y la esclavitud, habían sido hechas "precipitadamente" dañando al erario y a la agricultura nacional y fomentando negocios a la sombra de la indemnización de los amos. Inescrupuloso y tiránico era Castilla para los rebeldes. En cuanto a Elias se mencionaba peculados y despilfarros. Hipólito Sánches, citado en la obra de Basadre, añoraba los tiempos de Echenique en que "se veía circular los caudales impulsando la industria y derramando abundancia en las ciudades". El grupo revolucionario planteaba serias acusaciones contra Castilla y recogía las amenazas que significaba para ellos la nueva carta constitucional. Vivanco, por su lado, tampoco quiso unirse a Echenique a pesar de la significación económica y política de éste. Parece como si hubiera elegido, en un supremo esfuerzo, enfrentarse junto con Arequipa a todo lo que significaba limeñismo y caudillismo castillista en la historia republicana. En verdad resulta un cúmulo de actitudes contradictorias en un hombre culto que podría reflexionar con seriedad sobre el rol que podía desempeñar en los asuntos públicos del Perú. La historia nos lo enseña siempre como un perdedor con Arequipa al lado. La escuadra peruana al mando del Teniente 2do. Lizardo Montero y con el apoyo del Alférez de Fragata Miguel Grau dieron a Vivanco su apoyo. Tomaron las Islas de Chincha y vendieron guano, ocasionando apuros económicos a Castilla. Vivanco en lugar de avanzar desde el sur, se hizo a la mar con la armada y llegó frente al Callao el 31 de diciembre de 1856, el pueblo y el ejército le impidieron desembarcar, obligándolo a dirigirse hacia el norte y desembarcar en Casma. En premio a su apoyo tan efectivo, Castilla otorgó al Callao el título de Provincia Constitucional, el 22 de abril de 1857 cuando se combatió a la bayoneta calle por calle en el primer puerto del Perú, 400 prisioneros arequipeños cayeron en poder de los chalacos.

Vivanco retornó a Arequipa y la ciudad lo recibió, extrañamente, como un triunfador, cuando en realidad había sido infructuoso el "paseo" del caudillo por el norte del país. Claramente dejó entender entonces Vivanco a su pueblo que la guerra estaba perdida y que tan sólo había que salvar el honor.

En junio de 1857 se inició el asedio de Arequipa, y el 29 de dicho mes, San Román tuvo un encuentro con Vivanco en Yumina, del que, a pesar de haber llevado la peor parte, se proclamó triunfador, ya que las fuerzas vivanquistas se retiraron por haberles cortado San Román el suministro de agua.

Castilla había prohibido a San Román atacar la ciudad, pensó que sus defensores estaban perdidos y quiso evitar mayores luchas. Hubo conversaciones entre Juan Manuel Polar y José María Químper como personeros de San Román y Carlos Diez Canseco y Rafael Benavides por Vivanco. Pero San Román no estaba dispuesto a tomar el puesto de caudillo suplente de la revolución que le ofrecía Vivanco. El pueblo arequipeño recibió con alegría la noticia de la ruptura de las negociaciones el 19 de junio, había temido la posibilidad de una capitulación, dice Basadre. No se debe dejar de citar entre quienes dirigían ideológicamente la revolución al notable jurista Toribio Pacheco, al poeta Benito Bonifaz y al estudioso Hipólito Sánchez.




Raúl Porras Barrenechea en una célebre conferencia sobre Toribio Pacheco pronunciada el 19 de abril de 1928, nos recuerda la campaña librada por el jurista desde las páginas del periódico "El Heraldo" dirigida al examen riguroso de los actos de la dictadura de Castilla. Tal periódico, en medio de un clima periodístico de combate, resultó original por la seriedad de sus análisis, exámenes y razonamientos destinados a una verdadera disección de los actos de Castilla y sus ministros los jurisconsultos Ureta y Gálvez, a la luz de la Constitución y de las leyes. Pacheco como director del periódico elevó el nivel de este debate doctrinario y legal hasta una altura desconocida entonces. Las famosas "Cuestiones Constitucionales" aparecieron también en las páginas de este periódico. Esta campaña le generó el destierro en Tacna.

Vivanco, era en Arequipa, en realidad un prisionero. Extraño ligamen el de este general ateniense con este pueblo espartano, ha escrito Jorge Basadre.

Si hubo algún caudillo en Arequipa entre junio de 1857 y marzo de 1858, fue un caudillo colectivo: el pueblo arequipeño.
Es importante transcribir las frases de Hipólito Sánchez que ha tomado Basadre en su obra: "Venid a Arequipa . . . preguntad qué crimen, qué desorden ha manchado el honor de nuestra causa; recorred a todas horas nuestras calles y os admiraréis de la calma y serenidad que reina entre un pueblo armado que desafía la muerte y que, agitado por las pasiones en delirio, sólo se inflama y ruge a la vista del enemigo. Aquí no hay legiones alistadas, ni se necesitan capas militares porque todo ciudadano es soldado de la patria y porque a la primera campanada de alarma se lanzan todos al combate rebosando de felicidad y con una vehemencia que parece fueran a conquistar los tesoros del mundo o a recibir la corona de un imperio". . .


El sitio y toma de Arequipa 


Castilla reunióse con San Román en Quequeña el 20 de julio, luego trasladó el campamento a Sachaca. Entretanto se producía una abierta separación entre los liberales que sesionaban en la Convención Nacional y Castilla jefe en campaña. "Club de intrusos" fue llamada por el teniente coronel Pablo Arguedas quien la disolvió sin consultar con Castilla. Alrededor de la convención se había formado un mal ambiente: el clero, los empleados públicos, el ejército, se sentían afectados por las medidas que to¬maba la Convención. Esta por su parte vigilaba a Castilla; no era que tratase de deponerlo, sino de controlar el poder del caudillo tarapaqueño. La ley disponiendo elecciones para Presidente, pretendió ser una barrera para la ambición de Castilla. El hecho es que la Convención quedó disuelta y sus representantes inermes, no pudieron acudir a colocarse bajo las banderas de la rebelión de Arequipa, puesto que no eran vivanquistas sino liberales. Mientras tanto el asedio a Arequipa continuó.

El artesano Javier Sánchez había formado con 300 hombres de su oficio un batallón llamado "Columna de Inmortales" alma de la ciudad sitiada en la que el denuedo del pueblo se colocaba por encima de las miserias y desavenencias personales. El poeta Benito Bonifaz cantó en sentidas estrofas la valentía del pueblo arequipeño. Llamó "soldados del honor" a los hijos del Misti, defensores de su hogar, de fuerte y noble corazón, salvadores de la patria. . .
Los sitiadores de Arequipa son "esclavos" y Castilla es un "tirano".

El cerco duró nueve meses durante los cuales los paisanos fortificaron su ciudad, levantaron trincheras a algunas de las que pusieron nombre europeo como el fuerte "Malakof' y la trinchera "Sebastopol". Entre junio de 1857 y marzo de 1858 el pueblo, sin la orden expresa de Vivanco tirotea a los sitiadores en grupos aislados y por voluntad propia. Los paisanos que lucharon al lado de Castilla fueron motejados cruelmente como "macamamas": los que pegan a su madre. En estas escaramuzas, cada día traían a la ciudad entre cuatro o seis muertos. Los paisanos habían reunido muchos féretros y hacían a sus compañeros caídos exequias pomposas conduciendo los cadáveres con música hasta el cementerio de Miradores . . .

El pueblo en comido popular dio a Vivanco el título de "Gran Mariscal de Yumina" que este aceptó provisionalmente, el 22 y 23 de enero de 1858 actas populares ratificaron este ascenso.

El Ministro chileno Ramón Luis Irarrázaval interpuso sus buenos oficios como mediador entre Arequipa y Castilla, lo que éste aceptó, provocando Vivanco una discusión acerca de a quién correspondía la iniciativa para las gestiones de paz. Propuso Vivanco que ambos caudillos se separasen de la escena política. Castilla replicó que accedería a ello si el gobierno y la nación se lo piden, pero no lo haré por exigencias del Señor Vivanco, tal respuesta está consignada en Socabaya el 5 de febrero de 1858 en carta de Irarrázaval a Manuel Ortiz de Zevallos, citada por Basadre.

El Ministro chileno pensaba que la toma de Arequipa iba a costar muy caro a los sitiadores; no tanto por las dobles y triples trincheras que había visto en cada una de las calles, ni por sus parapetos, ni por la clase de sus edificios, sino principalmente por el "entusiasmo extraordinario de sus habitantes y por la convicción en que están de que se les puede disputar la victoria pero nunca jamás arrancársela". Decidió Castilla la toma de Arequipa el 5 de marzo de 1858 y avanzó sobre el lado de Miraflores y el Alto de San Pedro por la acequia que corre de Santa Marta a La Palma corría sangre, afirma el Deán en sus memorias; los paisanos estaban en su mayoría en las lejanas trincheras de San Camilo y de los Ejercicios. El fuerte Sebastopol fue tomado por Castilla quien ordenó a San Román que rompiendo la pared del Monasterio de Santa Rosa entrase por la huerta y tomase las torres del templo de ese nombre. Cayeron entonces Benito Bonifaz, Javier Sánchez y los "Inmortales". Arequipa fue vencida el 7 de marzo de 1858, ese día a las once y media de la mañana estaban los vencedores en la Plaza de Armas. Castilla calculó que había tenido 2,000 bajas. Los muertos entre los arequipeños llegaron a 3,000.





Los días 12 y 14 de marzo de 1858 Castilla suprimió el departamento de Arequipa y lo convirtió en provincia para expresar su ira y castigar a la valerosa ciudad, poco después se le restituyó su categoría, en el mes de mayo por el Consejo de Ministros.

Vivanco huyó a Chile dejando a Castilla el campo libre para desarrollar su pragmatismo político. La lucha fratricida, verdadera guerra civil, no había conseguido si no "salvar el honor" ya que se estimó en 15 millones de pesos las pérdidas que ocasionó, aparte de los miles de vidas jóvenes que segó.

Los resultados de la revolución entre 1857 y 1858 no sólo pueden percibirse en términos de triunfos y derrotas militares o en un anecdotario sobre el heroísmo de los pueblos, que sin duda constituye un conjunto valioso de referencias. Detrás de ello se va realizando un proceso social, representado por el significado de los gobiernos de Castilla, Echenique y San Román. El grupo dominante peruano no sólo se configura sino que merced a los negocios de la consolidación y al auge de la economía guanera, cuyos contratos les son transferidos como "hijos del país" desde 1861. Este anhelo había sido expresado -dice Basadre- desde 1849. Fórmose entonces un sólido grupo plutocrático nacional, lo que luego se llamó la "oligarquía nacional" constituida por lo que quedaba de la aristocracia colonial y por los grupos nucleados por los caudillos. El poder del Estado le permite devenir en plutocracia. Todos estos negocios, incluyendo el de la manumisión de los esclavos afianzaron sin duda, el poder de esta oligarquía y plutocracia capitalinas, en contra de los grupos de poder provincianos. Empero no nos parece suficiente respuesta esta guerra u oposición entre aristocracias y oligarquías para explicar el largo y complejo proceso de las revoluciones de Arequipa.

Objetivamente apreciado, como resultado de este proceso se engrandece y afianza el poderío del grupo plutocrático nacido al amparo de los negocios ya señalados; y a la vez podemos captar otro proceso donde factores ideológicos y aún regionalismos y caudillismos que crean lealtades locales, favoreció un enfrentamiento complejo entre Arequipa y Lima, entre el sur como región y la capital del Perú, que a partir de entonces fue adquiriendo un mayor poderío por su centralismo. La cruenta captura de Arequipa en marzo de 1858 tiene así un contexto histórico que va más allá de lo circunstancial.

Resulta válido aclarar también que en la revolución de Arequipa contra Castilla, no fue solamente el vivanquismo un elemento que aglutinó a la población en contra del régimen capitalino. Como lo ha señalado Basadre puede identificarse a los conductores ideológicos y sociales de esta rebelión y puede leerse también en las Actas populares los motivos y la justificación del movimiento, ya no en los términos que los redactaría un Vivanco, conservador y caudillista -si no en los de una crítica específica a los actos de un gobierno, cuyo origen legal es oscuro o por lo menos discutible. En tal sentido es útil hacer una crítica de contenido y un análisis histórico de los documentos que se produjeron alrededor de tan importante movimiento.

Los liberales actuaron entonces, publicaron un periódico de carácter ideológico, "El Constitucional. "Estaban allí Mariátegui, Laso, Vigil, Calvez y J.G. Paz Soldán. Creóse entonces una "Sociedad Constitucional" y luego la "Sociedad de Orden e Independencia". No cabe duda que estos liberales, poseían firmes convicciones acerca del valor correctivo y modificatorio de la realidad que tenía la ley.

Por otra parte, los sistemas y mecanismos electorales no poseían las posibilidades de control que hubieran facilitado una contienda amplia. Evaristo Gómez Sánchez, diputado en el Congreso de 1860 llegó a decir que los nuevos gobernantes habían sido elegidos por un número de votos mayor que el que las circunscripciones registraban.

Lo que queda es el triunfo de Castilla y lo que este representó. La pistola que apuntó al corazón de Lima sólo se mantuvo en alto hasta 1867 en opinión de Basadre. Acabado Vivanco Arequipa todavía encabeza la revolución de Prado en 1865 en nombre del honor nacional y la de Canseco en 1867 en nombre de intereses religiosos pero luego "pierde su tradicional combatividad". Es frase del mismo Basadre.

En ese libro fundamental que es "La multitud, la ciudad y el campo en la Historia del Perú" analiza nuestro autor, el rol desempeñado por diversas ciudades peruanas en la política. Cuando se refiere a Arequipa como el "caudillo colectivo del país" sostiene que: 4tel análisis se encuentra aquí ante uno de aquellos inexplicables hechos que la vida ofrece a menudo". Él caudillismo, el localismo, la religiosidad, son factores que explican la rebeldía arequipeña para el gran historiador.

Algo más:  encuentra motivos relacionados con un interés material en las revoluciones. Quizá están presentes en la época de la Confederación, ya que "triunfante ésta, Arequipa hubiera aumentado en importancia política y económica". En las luchas posteriores, lo dice en forma expresa: "los motivos materiales no parecen haber sido determinantes salvo en forma vaga o implícita.

Arequipa quedó sustraída de la vida revolucionaria, continúa el autor que seguimos, entre otras causas por que el FF.CC._la puso en contacto con la vida exterior y acentuó el centralismo, el advenimiento de nuevas generaciones más prácticas, el ambiente general del país.
Resulta válido en busca de un espíritu de equilibrio, comparar estas tesis de Jorge Basadre expresadas en 1929, con las más modernas del Sociólogo Juan G. Carpió en su trabajo sobre las rebeliones arequipeñas del siglo XIX, donde menciona la Historia de la República, pero si nos ajustamos a una lectura correcta de Basadre diríamos que es uno de los sustentadores de lo que Carpió llamó "ideología arequipeñista" dicho esto sin ánimo polémico y remitiéndonos a la obra citada del historiador de la República.

 Fuente: (Historia General de Arequipa)


Sobre Benito Bonifaz




Casa donde muriese el héroe Benito Bonifaz, en la calle San Francisco






A LA BRAVA "COLUMNA INMORTALES"


¿Los veis allí lanzarse a la pelea 
Con la serenidad de los valientes? 
Son los hijos del Misti, los ardientes
Soldados del honor.
 ¿Los veis marchar con la cabeza erguida 
En busca de la gloria o de la muerte?
 Son los hijos del Misti, los de fuerte Y noble corazón.
¿Los veis allí pasadas las trincheras 
Cómo sus líneas en el campo tienden?
Son los hijos del Misti que defienden
El doméstico hogar. 


¿Los veis en el combate cual despliegan, 
Al ruido del cañón tanta osadía? 
Son los hijos del Misti, los que un día la Patria salvarán...

Truena el fusil, el humo se levanta,
 Los proyectiles en el aire zumban,
 Y con soberbia majestad retumban
Los tiros de cañón. 
Vedlos allí, avanzan, se enfurecen,
 El entusiasmo en sus semblantes brilla; 
Ante su airada faz, esa gavilla 
Se llena de pavor.

Esa gavilla vil de hombres esclavos,
 Que sostiene miedosa a su tirano ,
Porque con torpe y vigorosa mano,
los sabe contener.
 Esa turba de imbéciles que nunca 
Sintió en el corazón el entusiasmo,
A quien él denomina por sarcasmo 
Soldados de la ley.


Numerosos son ellos, más cobardes, 
Como lo fueron siempre los esclavos;
 Por eso es que el ardor de nuestros bravos, 
Los hace vacilar.
Y  por eso al oír tan sólo el nombre 
De nuestros aguerridos Inmortales 
Se ven en su semblante las señales
Miserables soldados mercenarios
 Que así tembláis ante el ardor guerrero 
De los que audaces al combate fiero
Se arrojan con valor.


 ¿Queréis saber a quienes en la lucha 
Cedéis el campo huyendo despavoridos?
 ¿Quiénes son los que así tan atrevidos 
Os causan tal terror ?
¡Los Inmortales! 
Unos cuantos bravos 
De la ciudad heroica y valiente, 
La vanguardia del pueblo independiente
 Que sabe combatir.
Y  presentando el denodado pecho
 Ante el cañón, se sacrifica ufano,
 Antes que doblegar ante el tirano la gloriosa cerviz.


Los verdaderos hijos de ese pueblo 
Que aman su libertad como su vida 
Cuya sangre leal será vertida A torrentes quizás,
 Antes que con sus plantas, insolente, 
Aquel que la fortuna ha levantado 
Su recinto magnífico y sagrado Se atreva a profanar!
Los que han jurado sucumbir primero,


Uno a uno en la lucha comenzada, 
Antes que permitir que con su espada
Les imponga la ley,


 Ese soldado altivo que ha soñado, 
Entre sus ambiciosas ilusiones, 
Apoyado de estúpidas legiones 
Domar al pueblo rey.
Los que, para cumplir solemnemente, 
El votó que a su Patria han consagrado,
Tienen, ha mucho tiempo, preparado
El paño funeral; 
Conque honran hoy los mutilados miembros, 
De los que en el combate van muriendo, 
Los que quedan aún vivos defendiendo
 La Santa Libertad.


¡Salud a ellos! y baldón eterno 
Al que pretenda obscurecer su gloria;
 Salud al pueblo que tan gran memoria
Ha conquistado ya; 
Que defendiendo sólo en guerra
 Sus derechos hollados por un hombre,
 Ha merecido el eternal  renombre
De grande y liberal Salud al pueblo que orgulloso un día, 
Pueda decir: soy libre y soberano; 
Porque rompí con mi robusta mano,
Los hierros del poder; 
Salud a los valientes Inmortales 
Dignos hijos del pueblo, cuya frente, 
Por sus hazañas ceñirá esplendente, Magnífico laurel


Benito Bonifaz






Sobre Javier Sánchez

"Trescientos artesanos que representaban la juventud distinguida de los talleres, la flor de los hijos del pueblo, hacia ejercicio en el patio del teatro llamado entonces coliseo . La columna de los inmortales estaba dividida en cuatro compañías con sus respectivos capitanes elegidos de entre ellos mismos; la mandaba Javier Sánchez como que era su creador y comandante y era su instructor el coronel del ejército señor Romero", Dice : María Nieves y Bustamante en su obra Jorge o el Hijo del pueblo al referirse al héroe de la defensa de Arequipa








Javier Sánchez en su último momento era absuelto de sus pecados por fray Pedro Fuentes sin embargo su recia contextura su fe lo hizo sobrevivir hasta el día siguiente a la toma de Arequipa que era el día de fiesta de San Juan de dios el 8 de marzo . Se le dio sepultura en el mismo templo de San Juan de Dios al pie del altar del santo.


En 1958 a un siglo de estos sucesos el terremoto de aquel año hizo descubrir los restos de este arequipeño notable, sus restos fueron llevados al cementerio general.


Se dice que la conducta de Sánchez era irreprensible, no pudiéndosele tachar de una debilidad ni de un vicio siendo su ocupación la del trabajo. Solo se distraía de sus cotidianas atenciones en la fiesta de San Juan de Dios cuyo mayordomo era cuando llegaba la fiesta dice María Nieves y Bustamante se le veía reunir a los numerosos devotos, ver los fondos con que se contaba , afanarse por el novenario , la cera , la salva , los castillos , la música , la procesión , la misa , el sermón etc.

Torre del antiguo templo de San Juan de Dios 



Su devoción a San Juan de Dios era proverbial sin duda se la inspiraba en gran parte a la idea de ser el santo patrón del hospital y asilo donde los hijos del pueblo se acogen para dormir el ultimo sueño, Javier Sánchez amable sencillo , generoso y servicial era el ídolo de sus amigos y estos eran innumerables siendo todos artesanos como él se sentían dominados a pesar suyo por una mágica influencia formada por el presagio de cierta inexplicable superioridad.


Fuente: Diario EL PUEBLO 1958- 1960



"Años se ha batido Arequipa bravamente, dejándose hacer pedazos por metrallas y bombas, desangrándose, por conquistar instituciones "libres" para la patria,

Y  como la pasión es confiada, la noble confianza del pueblo de Arequipa la han explotado los políticos de todos los tiempos; han explotado su candorosa fe en los hombres, en los principios y en lar palabras para lanzarlo a las revoluciones.

Y Se le hablaba de patria, de libertad, de gloria, de justicia, y estas palabras,  que en todas partes fascinan a los hombres, y que, aquí, en muestra atmósfera seca y tensa de electricidad, parece que tañeran resonancia, vibraciones más intensas y penetrantes, esas palabras, las hermosas promesas de los caudillos, seducían su corazón ardiente y generoso, y por ellas salía a batirse el pueblo de Arequipa, con aquel valor, con aquella pujanza, con aquella generosidad que le conquistaron fama de león. Todo lo grande y noble que ha habido en las revoluciones, pertenece al pueblo de Arequipa.

Se acusa de revolucionaria a Arequipa, ¡sin fijarse en lo que único que ella puso en las revoluciones, fue su sangre y su riqueza; que los únicos provechos que sacó fueron, casi siempre, desengaños.- Ella quería para sí sólo el honor y los sacrificios, y dejaba para otros los medros, lo que prueba que era guiada por algún nobilísimo sentimiento.

Los revoluciones fueron deseadas, fomentadas y sostenidas, por todos los pueblos del Perú, sólo que, como a Arequipa se la conocía de arrojada y fuerte, se le pedía la iniciativa, el impulso y lo fuerza de ellas.

Y   Arequipa acepta resueltamente el peligro y el honor del primer puesto en la lucha, porque esto es, lo que aman los pueblos valientes: el peligro y la gloria.

El pueblo de Arequipa, impresionable de suyo, viendo por todas partes, en la tierra en que vive, ejemplos de lucha; recibiendo, aspirando hasta en el aire excitación y violencia, era el pueblo mejor preparado para hacer esas revoluciones que todas las naciones de América hicieron, como resultado inevitable de la brusca transición de la esclavitud a la libertad. La tierra de Arequipa, áspera, quebrada, granítica, estremecida cada día con subterráneas convulsiones, hecha para resistir los embates del fuego interior del planeta, que la sacude rebramando; esta tierra que da a sus hijos, cada día, El espectáculo de la lucha, debía hacerlos apasionados por el combate, propensos a la explosión. No se nace en vano al pie de un volcán.

En las tierras volcánicas hay emanaciones, y vibraciones y corrientes, invisibles; impalpables, pero que ' turban y agitan profundamente al hombre. Todo habla aquí de lucha, y el alma es apasionada y heroica como la naturaleza. Si a esto que la naturaleza hace para que los hijos de Arequipa sean hombres de combate, se agrega ¡a ola de sangre española que circula por sus venas, sangre de comuneros y heroicos rebeldes, se comprenderá cómo era natural, que en nuestra tormentosa era de revoluciones, Arequipa futura heroica domadora de tiranos.

Felizmente esos turbios tiempos de guerras civiles han pasado para siempre.
Las revoluciones, esas heroicas aventuras en que Arequipa se lanzaba con el corazón atrevido, concluyeron ya. A costa de su sangre, ha aprendido Arequipa a conocer lo que son y lo que valen los políticos que en otro tiempo seducían tan fácilmente su alma apasionada y generosa. Hoy el valiente hijo del pueblo no sale a las calles a hacerse matar por cualquiera que le finge patriotismo; hoy el pueblo de Arequipa tiene otro ideal guerrero, aspira a otras glorias; recuerda en silencio terribles ultrajes que se vio obligado a sufrir; piensa en una reparación suprema del honor de la patria, que debe hacerse allá por el Sur.

Y mientras tanto, quiere ser el primero en la paz, y trabaja y adelanta, y abre exposiciones en las que muestra que no estorba el valor al trabajo, porque bien saben manejar la herramienta las mismas manos que manejaron el rifle.

Triste es nuestra raza, pero, de su tristeza apacible, a este pesimismo contemporáneo que ha acabado por proclamar el nirvana búdico, el aniquilamiento de la personalidad, como la única liberación posible del dolor para el hombre, hay una distancia inmensa.

Nuestra tristeza no es desolada, ni amarga, ni escéptica; no nos la producimos nosotros mismos a fuerza de desgarrarnos el alma con el pensamiento, sino que nos viene, más bien, por herencia de los siglos de servidumbre en que vinieron nuestros antepasados, y algo también, sin duda, de nuestra tierra, que tiene sus melancolías austeras y grandes, como toda tierra de montañas."

                                                                                                               Jorge Polar


Vea También: http://gdp1879.blogspot.pe/2013/11/anecdota-de-caceres.html




La Chabela (Una Historia de "La Pampa")





El distrito de Miraflores lleva consigo importantes recuerdos, no en vano fue cuna de la pampeña, y del carnaval, así como de importantes citas futbolisticas, en esta oportunidad queremos compartir este importante articulo que el gran Tribuno Francisco Mostajo publicó y que encierra consigo la vida  de una mujer que  llego a cautivar nuestra imaginación y que hasta el día de hoy es recordada  por los miraflorinos,  atrás quedo el recuerdo del viejo cementerio de Miraflores, hoy  en su lugar se erige un mercado  y cerca un puente que lleva el nombre de este personaje de antaño, además al final subimos un relato de Vladimiro Bermejo, acerca de "La Chabela"





La Chabela 

¿Quién fue la Chabela?, ya ha comenzado a fantasearse acerca de su persona. Nosotros, en nuestra época de vida bohemia y popular, la conocimos y tratamos. Era una mujer del pueblo, pero no tosca ni vulgar. De talla pequeña, delgada, en proporción, los rostros amarillejos y asimétricos, las facciones delicadas, los dientes apretados y menudos, los ojos limpios e inteligentes, la frente breve y el cabello oscuro, nada tenía de fuertemente atractivo, pero no era antipática. Vestía sencillamente, como cualquier joven que está entre la clase media y el pueblo, y usaba invariablemente un mantón de buena calidad. Su nombre era Isabel. Su apellido nunca cuidamos en averiguarlo.

De timbre femenino era su voz, y cuando  cantaba no sabemos que tenia de falsete. Hablaba con facilidad. Discurría con inteligencia. Su conversación, si no encontrábase  inecuánime o no parloteaba de cosas sexuales, era de persona educada, meliflua como si proviniera de mejor clase social. Y aunque de tales cosas hablara, no era grosera en sus términos, pero sí revelarse profundamente corrompida. Qué no sabía la mujercita esa. Alguna vez la oímos escandalizar a unos militares que nada tenían de inocentes. No sólo cantaba sino tocaba la vihuela c0on gusto, mientras su cabeza no estuviese perturbada por la serie de  anisetes.

De repente apareció por las picanterías de Arequipa, ganándose el ambiente desde que se asomó por ellas. Su palabra de conservadora, sus gracias de cantora y guitarrista, la asequibilidad de su carácter, su llana franqueza, sin entrometimiento, ni desfachatez, prendas que hacían se le diera acogida lo mismo en Miraflores que Yanahuara, en los Ejercicios, que en San Lázaro y que el par se le reclamase de todas las mesas, en tan criollos establecimientos, “cavernas de la nacionalidad” . Ella se daba trazas para acudir aquí y allá, donde quiera. Probaba a penas la chicha. Poco tomaba de los picantes. Pero, sí, no desairaba, sino reclamaba la copita de anisete o pisco, que luego libaba con delicia. Era una alcohólica la pobrecita.  

Si la invitaban a cualquier tenduchín , allá iba, sin cuidarse de que fuesen pocos o muchos sus acompañantes ni que tampoco de la hora ni del paraje. Cuentan que cuando, creyéndola mujer fácil, se intentaba propasarse, ella no resistía, sino, con la mayor naturalidad del mundo, se limitaba a advertir que estaba atacada de una terrible sífilis, contraída en Iquique. Y nadie se atrevió a tocarla. La simpatía del ambiente picanteril  acabó por convertirse en cariñosa piedad: se le “ acolpachaba” , como dicen en Arequipa, con la más buena voluntad, en cualquier establecimiento de esa laya en que la sorprendiera la noche; hoy aquí, mañana allá y se le brindaba lo mismo el plato de chupe, con el dorado bebe. Que apenas la incitaba.

Indudablemente la Chabela ocultaba alguna historia con fibra de dolor, pero no fimbria de divertimiento. Alguna vez nos refirió que era nacida en Paucarpata, pero sus padres la llevaron niña todavía, a Iquique. Sin embargo ni en su acento ni en sus modalidades había nada de las gentes del sur, salo la estragación burdelesca de ciertos momentos de sus charlas, no buscadas, sino  llevada a ello. Allá casó, no sabemos si con Chileno o Peruano. Su matrimonio no fue idilio, y en una de las tantas grescas, la chabela mató a su cónyuge. Entonces fue lo que retorno al Perú. Huyendo de la justicia. Y cuando recuerdo, bebo nos dijo.

Murió como había vivido, al amparo de la picantería, el rato menos pensado. La enterró la piedad de los comensales Criollos, allá en derruido cementerio de Miraflores ¡alma de la chabela! Convocar las gentes y no tardaron en darle la fama de milagrosa. Ramos de flores y velas encendidas hubo en su tumba y ya se  proyectaba erigirle un mausoleo de sillar, con las limosnas de tantas personas supersticiosas. Pero la autoridad eclesiástica y  la política pusieron termino a la superchería absurda y la Chabela descansó al fin….. Nada tuvo ella de extraordinario: fue sencillamente una mejer infortunada, pero una mujer perdida.


Artículo tomado de la revista DE TODAS PARTES, AÑO VII, Nº 113 de marzo de 1944. Corresponde a la serie “Recordatorio  Arequipeño” que Francisco Mostajo firmaba bajo el seudónimo de Travada.



Recorte fotográfico diario el Deber 1958. Construcción del Mercado "San Martin de Porres " en Miraflores, más conocido como "La Chabela", antiguamente el cementerio viejo de Arequipa


La Chabela