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El día de San Hipólito (El terremoto de 1868)



Como todas las mañanas de agosto, el Día de San Hipólito había soplado una ligera y difusa polvareda. El sol enseñoreándose, se reflejaba en el tierno follaje de los huertos como escamas de plata. Serian aproximadamente las 5 y un cuarto de la tarde, cuando los chacareros concluían su jornada y retornaban a sus hogares, empezó a sentirse un ruido subterráneo acompañado de un ligero movimiento que solo las personas en reposo pudieron percibir. El ruido tenue, paulatinamente fue acentuándose, tornando en amenaza de movimiento. 

Pasaron, tal vez treinta segundos y el bamboleo de la tierra y de todo lo existente sobre ella adquirió una intensidad que obligaba a las personas a ponerse a salvo. Temblaba la tierra ya con ¡Tanta fuerza! Que comenzó a levantarse una gran polvareda, ya no era un temblor más de los que con mucha frecuencia mecen por aquí la naturaleza. Se desplomaron los cuadros, crujían las mamparas las puertas y ventanas. Los alarmados habitantes veían desplomarse frisos, cornisas y paredes. La oscilación de aquellos anchos muros arrojaban los sillares desprendidos como juguetes mortíferos.

 El rumor subterráneo era ya una tromba parecía que un rio de piedras habría su cauce en el subsuelo, mientras las personas corrían hacia las calles y de allí a las plazas. Eran cincuenta mil voces que espantadas gritaban: ¡misericordia! se atropellaban, se abrazaban y seguían el vaivén del cataclismo. Tres minutos habrían transcurrido y el movimiento continuaba in crescendo. ¿Cuál sería el clímax o el final de aquel instante que parecía eterno ¿ cómo los muros de ciclópeas fracturas se venían abajo , débiles y amenazadores ¿cómo las torres de piadosos sillares y fuertes estructuras se trizaban como frágiles cristales? ¿¿ Cómo sacudíase la tierra ¿ .. ¿¿la misma que recibía desde hace más de 300 años las pisadas discretas de los arequipeños.




Templo de la Compañia

 Templo de San Camilo 







Templo de San Antonio (Miraflores)





El diario arequipeño de antaño La Bolsa  mostró al terremoto d e la siguiente forma: 

                            




El Presidente Balta  comento a los pocos días del gran terremoto , en un mensaje a los pueblos del sur













¡MISERICORDIA SEÑOR! APLACA TU IRA Y TU RIGOR ¡DIOS MIO, PERDONA SI HE PECADO! 

 Eran las frases que lanzaban al espacio desesperados cientos de ciudadanos. Y la tierra seguía vibrando, al universo parecen agolparse todas las fuerzas y buscar estallar. El polvo y la ansiedad hacia difícil la respiración. La angustia dejaba atónitos o convertía en desaforados a los tranquilos habitantes. Los caballos en estampida no obedecían a sus jinetes. Los perros ladraban mirando al cielo. Los niños clamaban por sus madres. Las madres clamaban por su Dios. 

 El desconcierto se transformaba en pánico y el temblor en la ciudad parecía que no dejaba piedra sobre piedra, las antiguas callejuelas limpias y con aceras de sillares gastados se llenaban de escombros. se enterraban las acequias. Las campanas tañían por acción del movimiento. Las torres de las iglesias simulaban columpiarse asidas del firmamento. Las bóvedas caían con gran estrépito. Habrían transcurrido ya 5 minutos y aun la tierra temblaba amenazante, imitando el agua en movimiento al hervir en una gran caldera. Paulatinamente fue decreciendo el bamboleo y el ruido subterráneo fue reemplazado por los gemidos lastimeros, las suplicas, los llantos. Fueron ocho minutos y parecía un siglo. las personas con aspecto cadavérico, pálidas con ojos desorbitados, empolvadas con los labios secos, buscan a gritos a los suyos en aquel desorden y al centro de la histeria colectiva se abrazan como reconociéndose sobrevivientes. 

Entre llantos se encontraban los parientes y cuando fueron retomando su talante y sus colores, reconocían sus casas agrietadas entre el nuevo como desolador paisaje. La ciudad a la que amaban respetuosamente como a una madre anciana, esos muros que habían defendido de mil acechanzas y que en varias oportunidades se tiñeron de sangre, allí estaban derribados, como barricadas destruidas por el enemigo ignoto. Allí estaban los afanes, los esfuerzos de miles de hombres que en generaciones construyeron lo que allí se presentaba como humildes escombros de un universo. La tierra siguió temblando intermitentemente por espacio de varias horas. Toda la población se concentró en las plazas o en las huertas para pasar la noche. Se improvisaron altares en la Plaza Mayor, donde llevaron las imágenes sagradas que pudieron rescatar de los templos destruidos. En los días posteriores fueron enterándose que el terrible terremoto del día de San Hipólito se había sentido en todo el sur desde Tarapacá hasta Nazca. se había salido el mar en chala , Islay , Camana y Arica, y había devorado casas y hombres, En la ciudad contaban incrédulos los incontables destrozos : los templos de San Camilo , La tercera orden , y de Santo domingo se habían destruido totalmente .

 En San Francisco y la Compañía los muros averiados resistían bóvedas que amenazaban con desplomarse; las torres de la catedral estaban semiderruidas, la sacristía sufrió el derrumbe total de su estructura ; la bóveda de la iglesia de san Agustín se había desplomado totalmente , solo la iglesia de Santa Catalina aparentaba fortaleza. En la plaza mayor, del nuevo portal del regocijo solo quedaban algunas columnas. Los portales del Cabildo se hundieron como que hubieran recibido un enorme peso. En el local del colegio Independencia, los estragos fueron notables: s e derribaron los altos y parte de las bóvedas del primer piso. El hospital de san Juan de dios sufrió la caída del techo de la sala principal sepultando no menos de 40 personas; todo el sistema de acequias de regadío en la campiña y en la ciudad quedo derribado o enterrado. En .. Fin todas las edificaciones mostraban horribles y amenazantes huellas del embate soportado.




Fotografía del derruido templo de San Camilo .. MHMA


Se estima que fallecieron el día de San Hipólito , unas 350 personas , hiriéndose más de dos mil , Arequipa, la blanca paloma ,frágil y herida , acurrucabase en el volcán como buscando su querencia en la agonía . La tradición oral ha guardado a través de generaciones una serie de rezos como el “Señor , Señor aplaca tu ira y tu rigor” , En el Texao de Juan Guillermo Carpio Muñoz , el señor Julio José fuentes recogió , una serie de rezos que la señora Rosario fuentes Delgado aprendió de sus antecesores , quienes le refirieron que se rezaron “cuando el terremoto del 13 de Agosto “ . Estos rezos, versificados, encierran la belleza de la ingenuidad popular:

 “Con Dios me echo,
 con Dios me levanto 
La virgen santísima 
Y el espíritu santo
 Me tapen con un canto
 De su santísimo manto”

 “Cuatro pilares Tiendan mi cama
 Cuatro santos Me acompañen
 Lucas y Marcos
 Juan y Mateo
 Jesucristo en medio

 “Si me muriese alúmbrame
 Si me durmiese Despiértame
 Con tus cinco luces
 De tu virginidad 

Unos se echan buenos
 Amanecen muertos
 No permitáis, Señor, 
Que sea uno de ellos

 Vidas llamasteis
 En tu gran soledad 
Virgen en la soledad 
 Sola te hallasteis 
En tu soledad
 Al pie de la cruz
 Mirando las llagas
 De tu hijo

 “Jesús Nazareno
 Rey de los Judíos 
Perdónanos Señor
 Como perdonasteis 
 A tus enemigos


Fuente: Texao Tomo I (Juan guillermo Carpio Muñoz )




Imágenes de la prestigiosa revista : The  Ilustrated London  News...


The Illustrated London News fue una revista inglesa, fundada por Herbert Ingram y su amigo Mark Lemon, el editor de la revista Punch. Con Lemon como su jefe consejero, la primera edición del Illustrated London News apareció el 14 de mayo de1842.

La revista constaba de dieciséis páginas y, al menos su primera época, costaba seis peniques. La primera edición incluyó imágenes de la Primera guerra anglo-afgana, un choque de trenes en Francia, la explosión de un barco de vapor en Canadá y un lujoso vestido de baile en el Palacio de Buckingham. Fue la primera revista en publicar una imagen copiada manualmente de una fotografía.
A pesar de que se distribuyeron 26 000 copias del primer número, hubo una gran caída de ventas en las siguientes ediciones. Sin embargo Herbert Ingram se mostró empeñado en lograr que su posesión triunfase. Envió a cada miembro del clero del país una número de la revista que contenía ilustraciones sobre la instauración del Arzobispo de Canterbury y, de este modo, se aseguró un gran número de nuevos suscriptores. La publicación fue posteriormente una fuente de educación artística informal para el pintorpost-impresionista Van Gogh.

La revista se publicaba semanalmente hasta 1971, cuando empezó a hacerlo mensualmente. Desde 1989 lo hizo bimestralmente y desde 1994 en forma bianual, hasta su desaparición en 2003.
















La peña del puente Bolognesi




En los años 70 del siglo pasado, para ser preciso en 1972, Don Tomás G. Vizcarra Carbajal, redactó un libro cargado de nostalgia y significado arequipeñista, "Arequipa en mi recuerdo", a continuación les presentamos uno de sus pequeños relatos, al cual tituló "La peña del Puente Bolognesi", singular formación rocosa que  nos acompaña desde siempre y  sobre la cual se tejen muchas leyendas.

Esa peña o roca se le llamaba antiguamente “La Serena.” Después la fantasía de nuestros abuelos la embelleció con leyendas y fábulas, como la de “La Sirena” transformación semántica de la voz serena que a cuantos la oían cantar sus melodías tristes y amorosas, los encantaba y presas de aquel sortilegio, enloquecidos, se arrojaban al río que envolviéndolos en sus enfurecidas aguas previas lo sepultaba para siempre bonito cuento ¿ verdad?

El pueblo no dió descanso a sus ensueños pues también se habla, sobre todo entre los viejos, de danzas, luces y gritería es de condenados y demonios y de otras supercherías por el estilo.

En este punto sobre “la serena”, las danzas, luces y gritería de condenados y demonios de mil cuernos y rabos negros sedo la pluma a los folkcloristas que más entendidos que yo, sabrán en un futuro inmediato decir su palabra autorizada. Allá que ellos averigüen y nos digan la verdad sobre tan espeluznantes sucesos.


Un agricultor testarudo

Antes de poner punto final al río y a su escalofriante “peña” , pasaré ocuparme de don Juan Arenas, el agricultor desgárrate sin parar mientes en “La Serena”,  “La Sirena”  y los mil demonios, hace cuatro años le hurtó al Chili y parte de su cauce. Aquí algo interesante sobre ese agricultor testarudo.

Me lo presentó don Antonio Valdés Rivera, nacido en 1903, el de la abundante barba que ya conocemos.

Señor embaucador me dijo maliciosamente, ¿no conocéis la historia de la chacra que al otro lado del puente respeta reverente al Chili? Ahora mismo la sabréis, pues viene el "granjero" don Juan Arenas gran amigo no sólo de robar tierras al río sino al corazón a las mujeres.

Efectivamente, venía hacia nosotros un hombre sonriente ya entrado en años que, previo apretón de manos se explicó así soy Juan arenas y cuento 60 y seis otoños bien vividos y como usted, debe saber soy dueño de aquel terreno que arrebate al río. Hace cuatro años, caballero, que cultivo esa excelente tierra con magníficos resultados no soy ingeniero ni mucho menos, pero experimento mucho.

Pero, don Juan atiné a responder no ve usted que es una temeridad meterse casi en plena correntada y que su campo podría desaparecer el rato menos pensado

Entonces don Antonio terció en la conversación.

Usted no conoce el temple del "granjero". Es hombre de pelo en pecho y callos en las manos y que tiene año en pos de año cinco hasta la fecha arrinconando al río y dando a su chacra en alma y corazón.

Si señor respondió el "granjero", tengo eucaliptos, parras con racimos gigantes, papas, trigo y ají de Tambo. No soy de los que temen a las avenidas como la de 1924, que asoló al vecindario. Tengo fe y sé que el río en la época de creciente pasará ceremoniosamente junto a mis sembríos y los respetará. Tranquilícese pues. No hay peligro.

Verdaderamente don Juan Arenas es todo un agricultor que, gracias a su esfuerzo y a la bondad de la tierra de aluvión, ha conseguido lo que otro jamás hubiera podido alcanzar. Ahí lo tenéis con la tez bronceada, pala en mano, entregado a su tierra y trabajando de sol a sol. Las tierras son suyas y sólo suyas la reforma agraria como dijo a la cual acudió para inscribir su chacra, le otorgó la propiedad.

Señor se explicaron en las oficinas, sólo el río y no el Estado podría arrebatarle el terreno; nada tenemos que ver en el asunto. Vaya con Dios y que el bendiga su esfuerzo. Adiós.

Lector:

Cuando bajes por la calle del puente Bolognesi y cruces el puente en dirección al Beaterio, detente un instante y mira hacia abajo y a la derecha y verás los eucaliptos y demás sembríos de don Juan, el hombre que a los 66 años sigue desafiando al traicionero Chili.


Actualmente el río reclamo su terreno y sólo nos queda en el recuerdo, que alguna vez un viejo agricultor, lo desafío, y usando su ingenio , pudo conseguir lo que quiso.


Fuente:

Tomás G. Vizcarra Carbajal. "Arequipa En Mi Recuerdo" 1972.