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En el día de la Madre


A Mi Madre




Una sola y hermosa madre tengo, 

que es mi dicha y mi consuelo, 

a quien tanto cariño yo le debo, 

porque siempre he sido su desvelo. 



Reconozco ¡oh, madre!, tu valor, 

¡cuánto soportaste por mi vida!; 

fuiste abnegada y con amor, 

todo, 
por tu hijo, lo sufrías.



Como hijo nacido de tus entrañas, 

recuerdo el pasado de mi infancia;

yo sé que son dulces tus enseñanzas, 

como es, en las flores, la fragancia.



En recompensa de todos tus sacrificios, 

esto es poco, casi nada, por tus beneficios, 

te tributo, con mi alma, esta poesía; 

comparando lo que hiciste por mí, madre mía.



Eres la joya y el tesoro más preciado; 

en tus caricias, yo vivo muy contento; 

y hoy, recordando tu noble pasado, 

grabada está tu imagen en mi pensamiento.



Recibe hoy, madre, este homenaje profundo, 

aunque después mi corazón se taladre; 

andaré por los rincones de este el mundo, 

y no encontraré amor como el tuyo, madre!

Artemio Ramírez Bejarano


El día de la madre en Arequipa es un suceso muy significativo, antaño era un día muy especial, si bien algunos historiadores remontan el origen de esta festividad a la Grecia Antigua, donde se rendían honores a Rea, la madre de los dioses Poseidón, Hades y Zeus y luego, a los antiguos romanos con su tributo a Cibeles, diosa de la madre tierra y símbolo de fertilidad. Esta celebración sirvió para venerar a la Virgen María, madre de Jesucristo en el mundo católico. Siendo el mes de mayo el día de la Virgen María, tiempo de peregrinación hacia Chapi, y de devoción a la Virgen María, nuestra madre.

Pero fue en los Estados Unidos, un 10 de mayo de 1908, que la activista, Ana María Jarvis quiso conmemorar el fallecimiento de su progenitora, Ann Reeves, y estableció una fecha para recordar no solo a la suya sino a todas las madres del país. Ella logró que se festejara el primer Día de la Madre en una Iglesia Metódica de Grafton. De a poco la celebración se fue extendiendo por todo el territorio estadounidense y por el mundo.

Para el año de 1914, El presidente estadounidense Woodrow Wilson, 6 años después declaró que el Día de la Madre se celebre cada segundo domingo de mayo. Esta tradición adoptada por otros países que permanece hasta la actualidad como una de las fechas más importantes del calendario.


De acuerdo a su biografía, Ana Jarvis quería que el Día de la Madre fuera un día de apreciación y conmemoración, pero cuando lo vio convertido en un evento comercial, en el que comprar un regalo parecía algo obligado, quiso eliminar la celebración del calendario. Evidentemente, no lo consiguió.

Los paises que celebran el segundo domingo de mayo son : Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Brasil, Chile, China, Canadá, Colombia (excepto Cúcuta), Croacia, Cuba, Dinamarca, Ecuador, Estados Unidos, Estonia, Filipinas, Finlandia, Grecia, Holanda, Honduras, Italia, Japón, Letonia, Puerto Rico, Ucrania, Uruguay, Suiza, República Checa, Nueva Zelanda y Venezuela y nuestro país, Perú

Antaño las celebraciones en Arequipa eran muy emotivas, tanto en las instituciones públicas como privadas, pero sobre todo en los colegios, yo estudie en una escuela pequeña, y se que quizas muchos tendrán otras vivencias, pero paso a compartirles lo que recuerdo de aquella fecha, ya desde comienzos del mes de mayo se venia preparando pequeños numeros como poesías, eskeches (piezas teatrales cortas) y danzas, que tendrían lugar en la ceremonia principal, que se efectuaba el último día laborable , los niños y niñas bien arreglados, asistian a sus respectivos colegios, algunos con sus claveles rojos en el pecho y los que por algún motivo habían perdido a su mamá llevaban un clavel de color blanco. Tras formarse en el patio del colegio a la orden del brigadier general y tras escuchar las palabras de bienvenida del señor director, se empezaba con la ceremonia la cual consistia de entonar el himno nacional , así como el de escuchar la misa respectiva, que sobre todo en los colegios católicos era con especial recogimiento y llena de canticos que en las voces de los niños se hacían más dulces.

Después de esto empezaba la participación de los alumnos, donde los más pequeños, de transición, recitaban sus poesias , muchas veces se equivocaban o hasta lloraban por ser su primera vez en público, pero eso no importaba, ya que lo importante era participar y homenajear a mamá. Los alumnos más histriónicos de secundaria empezaban con sus eskeches y algunos eran muy graciosos que hasta hacían reir al señor cura, al profesor más serio o al director más enérgico.

Alguna vez vi participar también inclusive a los maestros, declamando algún poema , tocando la guitarra, cantando , y eran aplaudidos por los niños que los alentaban con sus ocurrencias en sus eskecches , ¡Mira como salió , el muerto!, ¡Para lo que había tenido gracia el "negro"! ; ¡Que ocurrente es el pisquito! solian murmurar los alumnos mencionando los apodos de los "profes".

Al terminar la actuación, venía el brindis, con las madres de familia presentes, el cuál era dado por el señor director, algunas rondas de bocaditos y galletas de champán y por último las palabras de despedia del señor director, la entonación del himno de Arequipa y del Colegio y el rompan filas del brigadier.

Algunos profesores y padres de familia se organizaban mejor y tras la ceremonia en el patio principal, hacián pasar a las madres a las aulas respectivas donde junto con sus niños, podían disfrutar de algún aperitivo especial que previamente se habia elaborado.

Son muchas las maneras como los colegios ya sean grandes o pequeños se organizaban para homenajear a las madres, quizas mi escuela fue muy humilde pero siempre se sintió un ambiente familiar y de compañerismo entre todos. 



Yarabaya.


Manuel  Gallegos Sanz.



Nota:

Otros paises celebran el día de la madre en otras fechas:
  • El Primer domingo de mayo: España, Lituania, Portugal, Sudáfrica, Rumania, Hungría. 
  • 8 de mayo: Corea del Sur (Día de los Padres) 
  • 10 de mayo: México, El Salvador, Emiratos Árabes, India, Guatemala, Catar, Singapur, Omán, Malasia. 
  • 14 de mayo: Samoa 
  • 15 de mayo: Paraguay 
  • 26 de mayo: Polonia 
  • 27 de mayo: Bolivia 
  • 30 de mayo: Nicaragua 
  • Último domingo de mayo: Francia, Suecia, República Dominicana, Cúcuta (ciudad colombiana) 
  • Tercer domingo de octubre: Argentina, Bielorrusia 
  • 8 de diciembre: Panamá (Día de la Inmaculada Concepción).

Madre, hija y nieta arequipeñas. Acuarela de 1986. Teodoro Núñez Ureta.












La Virgen de Arequipa




En un pequeño valle llamado Chapi o "Chaypi", se localiza el santuario aproximadamente a 76 Km de la ciudad, está muy cerca de la frontera con el departamento de Moquegua, en esta zona, los conquistadores españoles crearon un corregimiento integrado por 5 repartimientos : Ubinas, Carumas, Puquina, Cochuna y Pocsi , sobre el territorio antiguo del curacazgo de Pocsi que comprendía diferentes Ayllus ubicados en las zonas de Mollehuaca, Piaca , Polohuaya, Usña, Mutu, Totorani, Quequeña , Yarabamba , Sogay, y Chapi . El pueblo principal fue la doctrina de San Francisco de Pocsi.




Los puquinas , procedentes de los reinos lacustres del Titicaca , se establecieron en el área en mención , antes de ser integrados al Tahuantinsuyo. Llegaron a edificar numerosos andenes, canales , poblados, y hasta un sitio ceremonial identificado , el siglo pasado por “señor Leonidas Bernedo M.” , como el templo del sol , en el que se realizaron ceremonias ancestrales y posteriormente a la evangelización fue impartida la doctrina cristiana por los jesuitas que fueron desde Moquegua , eligiendo la advocación de la candelaria , por influencia de las de Characato y Copacabana.




La versión oral más difundida sobre el origen del culto a esta candelaria , indica que en la época colonial , posiblemente unos arrieros que transitaban por la zona , en dirección al altiplano rumbo a las minas de Potosí , olvidaron una caja de su cargamento que al poco tiempo fue encontrada por unos lugareños , los cuales al ver la imagen , entendieron que se hallaba allí , para ser venerada.

Otra interpretación, recogida a fines de la primera mitad del siglo XX , señala que un enfermo incurable fue al lugar donde hay un extraño manantial que siempre está lleno de agua que nunca rebalsa , bebió el agua y humedeció todo su cuerpo y al salir , se sintió curado y volvió a su casa. Esa noche, soñó con una mujer que le dijo ser la autora de su curación y que ella estaba esperando a que él la encuentre. Al día siguiente, el hombre recorrió los alrededores y encontró envuelta en unos trapos la imagen , maravillado con el suceso difundió la noticia.








 Cuando explotó y erupción el Huynaputina en febrero de 1600 , cubrió de ceniza la pequeña iglesia y alrededores , quedando inhabitables, es por ello que la imagen inició un periplo por la zona hasta quedarse definitivamente en Chapi . Un manuscrito de mediados del siglo XVII indica el lugar, “Se bendicen a españoles y otras personas y en particular en un vallecito de los de otro departamento de Pocsi tienen llamado Chapi” La población d e la zona se hallaba en su mayoría en los pueblos tradicionales de Polobaya y Pocsi , y en Chapi que era una pequeña y árida quebrada, muy pocas familias , por lo que los párrocos determinaron que sería más conveniente que la imagen esté en alguno de los pueblos mencionados ; sin embargo , al momento d e trasladarla pesó mucho y no   la pudieron mover, de esta forma manifestó su voluntad de quedarse en ese lugar.



 En 1709 , fue llevada una imagen de la virgen María en la advocación referida a esa zona , siendo venerada por los habitantes cercanos a la comprensión de Churajón , en el lugar denominado por los naturales como la Huaca o Sahuaca . el sitio carecía de agua, por lo que las autoridades ordenaron el traslado de los pocos habitantes y la imagen a un lugar más fértil , en su recorrido hicieron un alto en la quebrada de Chapi, y allí se le edificó la actual “capilla vieja” en 1743. El 21 de julio de 1793 , el padre Francisco Pantaleón de Ustaríz , párroco de Pocsi , le informo al obispado d e la ciudad Pedro José Chavez de la Rosa , que unos indios de la quebrada de Chapi reclamaban porque él mismo había determinado trasladar la imagen de la virgen porque la zona en la que se hallaba era muy seca , no habían cultivos ni animales. Cinco años después , nuevamente surgió otra propuesta de trasladar la imagen por las quejas del curaca Felipe Adrián al párroco de Pocsi , escribiéndole que las peregrinaciones se convertían en : “borracheras dando bochornosos espectáculos , deterioraban los pocos cultivos de la zona porque eran tan numerosos los animales de tiro que consumían rápidamente todo forraje “ ambas gestiones no prosperaron . 



Desde 1884, los lugareños de la zona empezaron a trabajar en la ampliación y embellecimiento de la primitiva capilla y diez años más tarde el señor Manuel Arrieta encabezó un grupo de devotos que solventaron la sobras y se concluyó el templo; lamentablemente , el 3 de mayo de 1922 a causa d e las velas se incendió quedando solamente la imagen . Poco tiempo después, la colectividad arequipeña con sus donativos, propició la construcción de otra iglesia que fue finalizada a mediados del siglo pasado y demolida por estar muy afectada por el terremoto del año 2000. El 20 de octubre de 1952 , el Arzobispo, Monseñor José Leonardo Rodríguez Ballón , elevó el santuario de Chapi a la categoría de capellanía , según decreto Arzobispal del 20 de octubre de ese año. En 1985 el Estado donó 267.813 metros cuadrados por ley 24023 del 11 de diciembre, adjudicando la venta al Arzobispado de Arequipa como propiedad del santuario . El 21 de abril de 1986 , el templo es elevado a santuario Arquidiocesano..






A TUS PIES SEÑORA

A tus pies Señora, cansado llegue (bis)
Cercado de angustias, y de penas mil (bis)

Hay dulce Maria, de mi corazon (bis)
Tu eres la esperanza, de mi salvación (bis)

A tus pies Señora, cansado llegue (bis)
Cercado de angustias, y de penas mil (bis)

De rodillas vengo, a besar tus pies (bis)
Y a pedir consuelo, para mi dolor (bis)

A tus pies Señora, cansado llegue (bis)
Cercado de angustias, y de penas mil (bis)

Ya que de tus ojos, he de carecer (bis)
Dadme de limosna, vuestra bendición (bis)

A tus pies Señora, cansado llegue (bis)
Cercado de angustias, y de penas mil (bis)

Sin padre, sin madre, a donde iré a dar (bis)
A ti como Madre, mis quejas daré (bis)

A tus pies Señora, cansado llegue (bis)
Cercado de angustias, y de penas mil (bis)

Adiós Madre mía, ya voy a partir (bis)
Por esos caminos, cuanto iré a sufrir (bis)

A tus pies Señora, cansado llegue (bis)
Cercado de angustias, y de penas mil (bis)



 Fuente : La Virgen de Arequipa -  Alejandro Málaga Nuñez



Las Fiestas Religiosas de Arequipa

 En la Arequipa de antaño las fiestas religiosas prácticamente copaban el calendario festivo. Las fiestas cívico - patrióticas eran contadas con los dedos de una mano. Ni el día de Arequipa, ni el Día de sus distritos era, por ejemplo, celebrado. Lo que si se celebraban eran las fiestas de sus santos o santas patrones. Y no sólo los pueblos tenían patrones religiosos, sino la mayoría de gremios, oficios o profesiones; y hasta grupos de personas de determinadas características; las solteras, los casados, los litigantes, los viajeros, etc. 

A principios de siglo las fiestas religiosas en Arequipa se aproximaban al centenar por año. Enorme número que hacía verificar una fiesta religiosa cada cuatro días, en promedio. Y si tenemos en cuenta, como les mostraré después, que cada fiesta religiosa duraba varios días y, muchas, hasta semanas, llegaremos a la conclusión que las festividades religiosas se superponían en el tiempo y no daban tregua a nuestros religiosísimos antecesores. Claro está que no todos los arequipeños de entonces concurrían a todas las fiestas religiosas que se daban; pero una apreciable mayoría sí lo hacía y no sólo por la devoción - que era mucha - sino también por la diversión. 

En tratándose de la Virgen, las fiestas eran numerosas, mencionemos las principales: la Candelaria de Cayma, la Candelaria de Characato, la Virgen de Chapi, la Virgen del Carmen de Los Baños (Yura) y del Monasterio de Santa Teresa, Nuestra Señora de la Alta Gracia, la Virgen de Los Remedios de Socabaya, la Virgen del Rosario en Cerro Viejo (en ese entonces Cayma, hoy Cerro Colorado) y la del "Resbalón" (Callejón del Solar), Nuestra Señora de Las Mercedes o Virgen de La Merced, la Inmaculada Concepción o "La Purisima" de La Calera (Yura) y que también se festejaba en San Francisco, la Virgen Dolorosa, la Virgen de La Soledad, la Virgen de Los Siete Dolores, la Virgen de la Asunta de Yumina, la Virgen del Consuelo, etc. La virgen más celebrada hasta la década del cuarenta del presente siglo, fue la Candelaria de Cayma. "Toda" Arequipa peregrinaba a pié hasta el Santuario de Cayma el 2 de febrero, donde además de los hechos religiosos que más adelante referiré con detalle, resultaba atractivo degustar nuestra comida típica, matizada con las riquísimas frutas "recién arrancadas" de las célebres huertas caymeñas: blanquillos, duraznos, damascos, membrillos, higos y ciruelas de todos los colores y sabores. La gente que iba por el día a Cayma, muchas veces regresaba a la ciudad acompañada por la lluvia que caía por la tarde. 

Pocas personas iban, el 2 de febrero desde la ciudad a Characato pero, obviamente los lugareños y de aldeas cercanas festejaban con mucho brillo a su Candelaria. Hasta la segunda década del Siglo XX la fiesta de la Virgen de Chapi era celebrada el 2 de febrero, como corresponde al calendario católico pues se trata de un virgen Candelaria. Pocos peregrinos se atrevían a ir a Chapi en esa temporada lluviosa, por lo que la fiesta hasta entonces no tenía, ni por asomo, la magnitud de nuestros días. Alrededor de 1920 se trasladó al primero de mayo y, a los pocos años, la fiesta de "La Mamita" de Chapi vio incrementar el número de sus concurrentes en forma incesante. En los años veintes, treintas y cuarentas los miles de peregrinos que iban a Chapi, lo hacían a pie, a caballo, a mula, o a burro. Generalmente se hacía la peregrinación por tres días y formando grupos de amigos o familiares. El Santuario, esos días, se transformaba en un enorme y desordenado campamento.

 Las gentes que podían dormían en el Templo, las que no, tenían que conseguir pernoctar en precarias habitaciones, carpas y toldos que generalmente les facilitaban gratuitamente los que les vendían las comidas. Aunque en Chapi se podía encontrar todas las comidas típicas, eran celebrados por los peregrinos: los chicharrones, la chicha, el té piteau; pero por sobre todo: los incomparables Panes de Omate, que llevaban a vender los omateños en serones y conservados entre yerbas. No había peregrino que no comiese allí y trajese a la ciudad numerosos Panes de Omate, hechos con harina, huevo, manteca, anís y en horno de barro calentado con ccapo y leña. También era típico en Chapi, comer y traer sidras, unas frutas que parecían limones enormes (una podía pesar un kilo) de una corteza muy gruesa como blanquecina y agradable.


A mediados de siglo, cuando se construyó la carretera a Chapi, se dejaron de utilizar las acémilas, las peregrinaciones se hicieron breves y se transformaron en multitudinarias. Hoy, a fines del siglo Veinte, la Virgen de Chapi es la más importante fiesta religiosa de Arequipa. Si nos referimos a las imágenes de Cristo más veneradas y festejadas en la Arequipa de antaño, tenemos que mencionar al Señor del Perdón, al Señor del Refugio, al Señor de La Caña, al Señor de La Caridad, A Jesús Nazareno (festejado por partida doble en la Fiesta de la Amargura de Paucarpata un domingo después de Carnaval y en la Fiesta de Cuasimodo de Tiabaya, siete días después de La Amargura), a Justo Juez, al Señor de la Sentencia, al Señor Cautivo y a no menos de siete versiones diferentes del Señor del Santo Sepulcro, veneradas en otras tantas iglesias. 


En este grupo corresponde mencionar a la entonces renombrada fiesta de Chiguata en homenaje al Espíritu Santo.

 En tratándose de los santos que se festejaban en la Arequipa tradicional, son dignos de recordación: San Agustín, San Gerónimo, San Pedro Alcántara, San Antonio, Santa Catalina, Santa Teresa, Santa Marta (Patrona de las Cocineras y Protectora de Arequipa contra los temblores y terremotos), Santo Domingo de Guzmán, San Francisco de Asís, Santa Ana de Mollebaya, San Juan de Dios, San Juan Bautista de Yanahuara, San José, San Pedro, San Isidro Labrador, Santa Rosa de Lima, San Judas Tadeo, San Nicolás ( los panaderos de la ciudad acostumbraban repartir "el Pan de San Nicolás", unos panecillos, a la salida de la Misa de Fiesta de su Santo Patrón ), Santa Cecilia la Patrona de los Músicos, la Sagrada Familia, etc.. Las fiestas más celebradas fueron las de San Francisco de Asís, el 4 de octubre y la de Santo Domingo de Guzmán, el 8 de agosto.

La popularidad de estos dos santos en Arequipa se debe, en primer lugar a su carisma, o esa ternura - no exenta de admiración - que irradia el conocimiento de sus vidas ejemplares; en segundo término, a que tanto la orden franciscana como la dominica son las órdenes religiosas más antiguas en nuestro medio y las que más se dedicaron a la evangelización. Además de todos los actos que componían sus festividades, que referiremos genéricamente más adelante, las fiestas del "Poverello de Asís" y de Domingo de Guzmán tenían la particularidad siguiente, en conmemoración a la amistad que tuvieron en vida, se realizaba en Arequipa,

La Procesión del Paso, el 7 de agosto y el 3 de octubre, es decir en la víspera de sus días de fiesta, salían en procesión de sus respectivos templos y acompañados por los religiosos de sus órdenes, cofradías, hermandades y enorme gentío. Se "encontraban" los santos amigos en la Plaza de Armas, y bajo un templete improvisado a manera de palio, frente a frente se inclinaban como dándose un abrazo, en medio de una lluvia de flores, música y la algarabía de la concurrencia. Se estilaba también, en aquellos lejanos tiempos, quemar unos "cabezones" que se hacían de cañas, cortaderas y papel cometa, que representaban, de manera grotesca, a las malas autoridades que nunca faltan. Fundidas las dos procesiones en una, avanzaban todos a "la casa del dueño del Santo" donde continuaban los festejos.

 En esas ocasiones se acostumbraba preparar y, por supuesto degustar, "las empanadas el Paso", pasteles rectangulares elaborados con harina, manteca, huevos, canela, leche y ajonjolí y horneados y presentados sobre papeles. Más o menos por 1960 se dejaron de realizar "las procesiones del Paso", que se han restablecido en el último lustro; sin embargo, "las empanadas del Paso" nunca han dejado de producirse, por lo menos por la antigua Pastelería "La Lucha" que las hace todos los días. Con Ia advertencia de que cada una de las fiestas religiosas tenía sus matices o particularidades, ahora trataré de señalar genéricamente, los actos que componían cada festividad religiosa en la Arequipa tradicional. cuando cae la tarde y está por terminar la Procesión del Día de Fiesta y el Santo o Santa Patrono está a punto de guardarse en su templo el párroco o sacerdote se dirige a la muchedumbre felicitando a los "devotos" de ese año por haber contribuido a dar brillo a las celebraciones que concluyen. 

Después se ocupa de algún tema doctrinal relacionado con la festividad y hace un llamado a mantener la devoción que los une. Enseguida invita - a viva voz a que algunos de los presentes se "anoten como Mayordomos y Devotos para la fiesta del próximo año" Los vecinos o lugareños lugareños más notables, que como todos los presentes están "chispeaditos" después de varios días de juerga se miran entre si y  hasta se reclaman y obligan a voces. 

No faltan algunos que por tradición familiar mantienen una devoción y son los primeros en anotarse, después se anotan los otros en medio de vítores y aplausos. El sacerdote les agradece, les da una bendición especial y, acto seguido, en medio de una atronadora salva, con las campanas al vuelo y música de la banda de ccaperos, se guarda la imagen sagrada, con la alegría de todos de que está asegurada la fiesta del próximo año. Se llama "mayordomos" y "devotos" a quienes se han comprometido a financiar la fiesta con su peculio. "Mayordomo" es el responsable principal y general. Cuando es época "de vacas gordas" o el que se anota tiene una enorme capacidad económica, el mayordomo "se raja" con todos los gastos de la fiesta que dura varios días como ya veremos.

 Cuando es época "de vacas flacas" quien se anota de Mayordomo tiene que financiar por lo menos la Misa de Fiesta y el ágape consiguiente. En este caso el mayordomo también se compromete a hacer cumplir los compromisos a todos los que se anotan de "Devotos" y, si alguno incumple, él tiene que sustituirlo en el gasto. Los "Devotos" se comprometen a financiar un evento o tarea específica de las festividades: a poner una troya un castillo pirotécnico, traer el ccapo, hacer "La Entrada de Ceras" con el agasajo respectivo, contratar la banda de ccaperos (músicos), hacerse cargo de un día de novena, financiar "La "la octava y demás. 







Cuando se aproxima "el día" de la Virgen o el Santo venerados, dos semanas antes se realiza el convite" : salen en marcha pública el mayordomo, que lleva "el guion" .que le identifica (una especie de estandarte), rodeado de los devotos y familiares, seguido por la banda de músicos populares que incesantemente tocan "Viva el equipo campeón" u otra marcha festiva y mientras los silbidos y explosiones de los "cuetes" de arranque compiten en estridencia con los ladridos de los perros. Avanzan los manifestantes entre los aplausos y saludos a distancia del vecindario que generalmente va plegándose a la marcha. Después de recorrer las calles del barrio, arriban a la iglesia y se postran de rodillas al pie del santo de su devoción, le rezan, le entonan algún canto religioso y, luego, mayordomo y devotos, puestos por grupos familiares bajo un manto de la imagen sagrada, reciben una bendición especial del sacerdote. 

A la salida, contagiados por la algarabía general todos se dirigen a la casa del mayordomo, o en su caso a la del "devoto del Convite", donde se realiza la primera francachela que anuncia cómo serán las siguientes. Nueve días antes del día de la Virgen o el Santo, se empieza el "Novenario". Cada día, en los nueve que dura, se reúnen por la noche en el templo a rezar y, según el caso, a escuchar la prédica de un sacerdote o leer de un pequeño folleto, lo que corresponde al primer, segundo, o demás "días de Novena" con reflexiones o referencias a los milagros de quien se venera. algunas veces se veces se realiza una misa Generalmente cada día está a cargo de una "devota" diferente que además de financiar el rezo, invita después a sus familiares y amistades más cercanas a tomar en su casa un chocolate, con torta y bocaditos. El día que termina la novena. 

Que es el de la víspera del Santo, sus devotos hacen algo especial para "esperar las doce". Por ejemplo, los vecinos de Cerro Viejo acostumbran esa noche (6 de octubre) darle una serenata a la virgen del Rosario, que tanto halagan. Con las puertas cerradas de su capilla y reunidos en el atrio, le cantan a la virgen, con el acompañamiento de guitarras, mientras avanza el ensordecedor ruido de los "cuetes" de una extensa Troya que ponen entre la plaza las américas de la libertad y la capilla . Abiertas las puertas de la capilla, entran y entre valses , yaravíes , marineras y pampeñas , además de vivas y hurras a la Virgen , pasan varias horas. 


Cuando están a punto de irse, el devoto de la serenata, ofrece un caldo de gallina a los trasnochadores." Es necesario advertir que, como el día de la Virgen o el Santo, generalmente no caen domingo en el almanaque, se celebra el Día de Resta el domingo siguiente al día del santo y, por consiguiente, las solemnes vísperas al sábado que lo precede. El viernes anterior al domingo de fiesta, se reúnen en la casa del "devoto del ccapo" quienes lo acompañarán, con sus acémilas, su traje y equipos de faena y sus "atados" de frazadas y refrigerios.

El devoto les invita el almuerzo, casi siempre un chupe y un segundo "con copete" (exuberantemente servido) y chicha a discreción. Parten después del mediodía y atraviesan cabalgando las pampas que separan la ciudad de las montañas, casi siempre prefieren al Chachara porque tiene "unas faldas" menos agrestes. Al morir de la tarde llegan a las estribaciones donde crece el ccapo, acampan, en seguida el "devoto" "paga" a las montañas para sacar el ccapo: simultáneamente "piccha" coca, retiene un trago de pisco o cañazo en la boca y fuma un cigarrillo, luego arroja el humo y escupe el líquido y la coca, mirando las montañas y siempre sentado sobre Sus piernas cruzadas, lanza una oración con frases en quechua y castellano, enseguida abre con sus manos un hueco en la tierra, en la montaña y entierra la pequeña botellita de la que sorbió el pisco y que todavía está a más de medio llenar, hojas de coca y un cigarrillo al que previamente lo desmenuza. Cumplido el rito, proveniente de una religión pre-hispánica, y sintiéndose "con permiso" de la montaña, comienzan a sacar, a lampazo limpio, las plantas de ccapo hasta bien entrada la noche. 

Después prenden una fogata y se sientan alrededor, se sirven su refrigerios, beben pisco, uno que otro mastica coca y, calientes por fuera y por dentro se cuentan chistes, se recuerdan de otros que años atrás subieron a traer ccapo, cantan y hasta refieren historias de aparecidos y fantasmas. En el frío inclemente y la altura muchos no pueden dormir. Cuando en la madrugada comienza a clarear, se ponen a trabajar haciendo los atados de ccapo y amarrándolos con reatas en las acémilas, luego empiezan su regreso a la ciudad.

El sábado, día de las solemnes vísperas, llegan los devotos de ccapo a golpe del mediodía. Se paran a descansar en las afueras del vecindario, almuerzan, adornan las cargas con banderitas peruanas y esperan. A eso de las tres de la tarde, el mayordomo portando el guion y acompañado por su esposa, hijos y una banda de músicos, se dirige hasta la casa del (o la) "devoto de la Entrada de Ceras". En la calle a inmediaciones de esa casa ya están numerosas mujeres esperando con largas velas en las manos. El mayordomo y comitiva entran a la casa y después de haber hecho varios brindis con el devoto lo invitan a iniciar "la entrada". Salen. Las mujeres encienden sus ceras o velas. Se inicia la retumbante reventazón de una Troya, que va "caminando" hacia el templo. Entonces, presididos por el mayordomo y el devoto de la entrada de ceras, avanzan en procesión, como arreando los "cuetes", primero los músicos tocando una marcha alegre como estridente, luego las señoras con sus ceras encendidas y, más atrás los burros con el ccapo y sus devotos en cansados caballos.




 En el templo rezan, entonan cánticos religiosos, reciben bendiciones con el manto y salen. Los músicos arrancan con una marinera que es bailada por el mayordomo, el devoto y sus esposas. Luego a los sones del Carnaval Arequipeño avanzan todos y en apoteosis hasta la casa del "devoto de la entrada" donde éste les invita una comilona que dura varias horas. Por la noche, tomando dianas y ponches de guindas y en grupos de amigos o familiares, asisten al refulgente espectáculo de la quema de castillos y fuegos artificiales. El día de fiesta, domingo, se verifican misas a cada hora de la mañana. A las once se realiza la extensa Misa de Fiesta, cantada, con panegírico y varios celebrantes. Todos los asistentes visten sus mejores galas. Después, en algunos casos se realiza un desfile cívico-escolar. En todos los casos, ese día, el mayordomo ofrece un banquete general en que se luce nuestra comida típica.

 En las fiestas de los pueblos de la campiña son infaltables: el sango de trigo (con chancaca, leche, pasas, etc.), el cuy en estofado, en pepián o chactado, los chicharrones de Chancho hechos en pailas de cobre o lata y el arroz: con pato. A las cinco de la tarde; sacan a la imagen sagrada en procesión. En algunos domicilios se acostumbra armar altares en las fachadas, reminiscencia de los enormes altares que hace mucho tiempo se acostumbraba armar con troncos, banderas del Perú y, por supuesto, imágenes y cuadros de vírgenes y santos, en las esquinas de la plaza principal.




Ese día también se instalan diversiones cerca al templo y, según los casos, pueden haber peleas de gallos con apuestas, quioscos de tiro al blanco con plumillas, argollas que se trata de embocar a botellas y paquetes de galletas, tómbolas, etc. Hasta hace pocos años eran también tradicionales en estas fiestas, los pasteles que genéricamente se llamaban "colaciones": roscas, "tallarines", oquendos, que eran vendidos por pasteleros en enormes canastas o tablas que también servían para portarlos sobre la cabeza. Antes de entrar se realiza el sermón para la anotación de devotos "para el próximo año", que ya vimos al empezar este relato. No se crea que con esto terminan las festividades de ese año.

 En unos casos, al día siguiente lunes y, en otros al siguiente domingo que le llaman "la Octava" se hacen unas réplicas, con menos brillo, de los actos del domingo de fiesta. y hasta, como en el caso de Cerro Viejo, se agrega en "La Octava" una concurrida tarde de peleas de toros. Para concluir con las fiestas religiosas de la Arequipa tradicional, tenemos que referir que a fines del siglo XX son pocas las que se efectúan - más o menos diez - de acuerdo a los cánones de las añejas costumbres.


 Pero si antes fueron como un centenar al año, tenemos que señalar la habilidad de los sacerdotes de los primeros tiempos que habituaron a nuestros antepasados a estas normas, hasta que se convirtieron en tradiciones, que por muchos años se han repetido, automáticamente por la fuerza de la costumbre. Por otro lado estas fiestas religiosas tradicionales hicieron que los feligreses financien los oficios religiosos y, como los gastos de los "mayordomos" y devotos fueron enormes, en la práctica impidieron en nuestro pueblo que se diera la acumulación capitalista. En otras palabras, los compromisos económicos de los feligreses para solventar el culto religioso, les impedía ahorrar e invertir reproductivamente y tomar distancia y poderío económico. 

Hoy día la fiesta religiosa más celebrada y multitudinaria es la de la Virgen de Chapi; pero desde hace unos cinco lustros se propaga incesantemente la limeña devoción al Señor de Los Milagros, que se venera en nuestra ciudad en la Iglesia de San Agustín, en el templo principal del distrito de Mariano Melgar y en diversas iglesias y capillas. La difusión de la devoción limeña en todo el Perú, trae consigo la afición al Turrón de Doña Pepa. De igual manera, los numerosos migrantes que se vienen afincando en nuestra ciudad en las últimas décadas, traen sus devociones religiosas de origen y las cultivan aquí. En este sentido son particularmente importantes la fiesta del Señor de Huanca y las fiestas de las cruces del mes de mayo (que se dan en un número mayor a los de la Arequipa tradicional).







Fuente: Juan Guillermo Carpio Muñoz





La recova de don Pedro Paulet


Corría el año de 1906, y estando de alcalde el señor Don Octavio Muñoz Nájar se penso muy seriamente en modernizar la ciudad  y  dotarla de un majestuoso Mercado, la plaza existente  en lo que alguna vez fuese el Templo de San Camilo , tenía que cambiar, y para esto se presentarón algunos proyectos, uno de los más entusiastas fue sin duda el del Ingeniero arequipeño Don Pedro Paulet Mostajo, de quién la revista Prisma de Lima , en su número  16 del 16 de junio de 1906, escribió:


La Recoba de Arequipa

La bella y progresista ciudad del Misti va a poseer un nuevo y grandioso monumento del que publicamos 2 vistas de las fachadas principales, así como una del Plano. Esta construcción Tan cómoda y artistica ha sido proyectada a propuesta del Honorable Concejo Provincial de esa ciudad , por el conocido ingeniero arequipeño D. E. Pedro Paulet Mostajo, actual director de la escuela de Artes y Oficios de Lima.




El edificio levantará su elegante  fachada principal ante una hermosa plaza y presentará sus otras fachadas sobre tres calles, formando el conjunto del plano en rectángulo perfecto. Este conjunto tiene una extensión de 7500 metros cuadrados má so menos. No obstante una extensión relativamente pequeña y las númerosas puertas de acceso al interior, la futura "recoba" comprenderá 54 tiendas y más de 900 puestos de venta instalados fuera de cuatro grandes salones en el piso de los respectivos pabellones de esquina y de los numerosos compartimientos de la torre.



Siguiendo las ideas modernas del autor hubiera podido suprimir las tiendas exteriores que se han hecho necesarias para dotar de rentas al Concejo  y dar puestos a los llamados "mercachifles". La gran circulación del aire y del público están sin embargo aseguradas por las numerosas y amplias puertas que presenta el edificio, así como por la disposición del techo metálico de la recoba que es suspendido por unas cuantas columnas de acero, sin ser oculto por construcciones de piso como ocurre en la recoba de Lima.

La parte de la albañilería del edifició será de la excelente piedra mistiana llamada "sillar" armonizada con ornamentaciones de cerámica con la que se obtienen los bellos efectos que muestran, aunque en pequeña escala, el Instituto de Higiene en Lima. La parte interior será toda de acero . En fin, la torre debe ser hecha de cemento armado el que va a ser así su primera aparición monumental en el Perú. en tales condiciones el costo total del edificio asciende á Lp. 25,000 más o menos según los presupuestos detallados que tenemos á vista.

Esa torre no solo sirve paar completar el aspecto monumental del edificio sino satisface numerosas, necesidades urbanas que hace tiempo se dejban sentir en Arequipa. En efecto, el señor Paulet propone alojar en ella un agran sala de conferencias, una oficina de estadística urbana, un laboratorio municipal de higiene, un reloj público, un "carrilón" y un observatorio metereológico. el ascensor central rodeado de escaleras en espiral pondrá en comunicación á estos diversos compartimentos desde el suelo hasta el mirador superior de dicha torre que está colocado a cerca de 50 metros de altura.

Para hacer este proyecto el señor Paulet se ha inspirado en la disposición d elos universalmente célebres mercados flamencos. Pero está  vez se utilizarán todos los adelantos modernos con que cuenta el arte de construcciones, la policromía, el cimiento armado, el acero, etc. Muy de desear es así que está construcción se realice lo más pronto posible. ella formará un efecto un modelo en su género, notable, no solo en el Perú sino en América Latina.

Nota: La revista Prisma , recoje el vocablo recoba, con "b", se transcribió tal cual la revista.

Fue sin duda un hermoso proyecto el que realizó don Pedro Paulet, lamentablemente para el año 1910, otro proyecto el de los arquitectos Arce y López Aliaga , terminarón por  convencer a las autoridades, y es con el que contamos actualmente , salvo la  hermosa fachada que se destruyó por carecer de critério.








Carnaval Arequipeño




Con el establecimiento de Villa hermosa, Arequipa por otro nombre en el valle del Chili debió tener iniciación el Carnaval, que había de alcanzar fama por sus características tradicionales. El primero que se jugó tuvo que ser, pues, en febrero, marzo o abril de 1541, hace 410 años. A medida que aumentó la población y se tranquilizó el territorio, debió incrementarse la fiesta pagana, tanto en el pueblo, que la criollizó, como en la soledad goda, que le conservó distinción. Los indios, cuyos núcleos aún llegaron a principios del siglo XIX, debieron contribuir a la caracterización del Carnaval popular, siendo las "bifalas" hasta hoy las que conservan el cariz indígena. Andando el tiempo, cuando el yaraví, que encontró Melgar, ya se había amestizado, aunque no adquirido todavía categoría literaria, debió surgir la tonada del Carnaval de Arequipa, que tiene la alegría india.La escala pentatónica la hace triste para quien no es serrano. Hay llorido en su fondo dionisíaco, dionisíaco-indio.

Alguna vez la oímos tocar por la banda de la Guardia Republicana en un Carnavalón de Lima y dinosaba. El alborozo costeño es otro.

Cada vez tomó mayor fuerza colectiva el Carnaval de Arequipa, como una institución con sus características lugareñas. El Cabildo tomaba parte principalísima. Encabezaba nada menos el juego. En sus archivos existen varias cuentas de los gastos. Lo presidían dos maceros. Es decir tenía todo el aspecto de la Colonia.

En el pueblo el "cachet" indígena debió ser más pronunciado, y lamentamos que nadie nos haya dejado una descripción, una alusión siquiera. Monótana era la vida de Arequipa en la Colonia, sin otras fiestas que las de Iglesia. Las de Momo debieron serle, pues, como un desahogo, descargándose por ellas toda la contención beata del año. Y ya imaginamos lo que pasaría en la Vieja ciudad cuando el Domingo de Carnaval de 1600 el día se le tornó noche, relámpagos esféricos cruzaban la tiniebla y las descargas de los truenos eran pavorosas. Se creyó el juicio final, pero sólo era la reventazón del Quinistaquillas, que dejó los alcores como si hubiera nevado en ellos por la ceniza blanca.

 El Carnaval era, pues, desbordado. Sin embargo se abría con la procesión de la Virgen de Copacabana, que salía de San Agustín, hasta hoy, precediéndola bailes de indígenas disfrazados, contra cuya subsistencia hasta mediada la República no dejaban de tronar los periódicos, pero es verdad que, como hoy, el domingo no había juego. Cuando éste estallaba, todos, sin excepción, se entregaban a él. Se recuerda que Carratalá en uno de esos días cerró con tropas las bocacalles y reclutó inmisericordemente a todos los mozos para el ejército realista. ¡Qué conmoción habría en la ciudad! Pero el juego era loco.

Sólo había un grito pánico, y puede aplicársele lo que dijo un viajero de él, pero refiriéndose al Carnaval de la República. "Arequipa no es sino una boca inmensa, de donde se escapa un rugido continuo". Sólo había un grito pánico, pero arrítmico con la religiosidad del pueblo arequipeño, a modo de ciertos dichos españoles, pese a ser España nación tan fieramente católica. He aquí una de sus particulaciones: "Mañana Cuaresma, día de ayunar. ¡Qué ayunen los santos, que son de papel! i Yo que soy de carne tengo que comer!" Empero, los que habían cantado, locamente, estos versos desafiantes, eran los más contritos y entraban en rigurosos ejercicios espirituales: quizá hasta ayunaban a pan y agua.

Pero es el hecho de que la música de "El Carnaval de Arequipa", incluso sus cantares, viene desde el fondo de la Colonia, en que se formó el mestizaje tristón de la mistiana ciudad. Y no ha variado. Sólo se habrá aumentado algunos cantares sobre el patrón antiguo: "El año pasado con tanta guaragua, y este año ¡vidita! con tamaña guagua".




El Auge Carnavalesco El entusiasmo popular debió acrecerse y manifestarse con mayor franqueza, porque las familias todas estaban alicaídas, el pueblo surgía al llamado de la Democracia y la clase media se diseñaba con la implantación de las Casas Comerciales. Quedaría eliminado lo ceremonioso de la Colonia, que muy bien representaban los maceros del Cabildo y el festejo carnavalesco tomaría el aspecto que, en auge, alcanzaron nuestros padres y que, en nuestra juventud todavía vimos, aunque decían aquellos que ya estaba en decadencia y deploraban con nostalgia. De esos Carnavales, existe un grabado en acero en la voluminosa obra de Paul Marcoy, "Viaje por la América del Sur"; grabado que nos muestra el juego de Momo en Arequipa como una verdadera batalla. Poca diferencia hay con una fotografía de la defensa de la Quinta de Vargas en la revolución de 1867, que hemos visto y tenemos.

Pueblo que jugaba así era un pueblo belicoso, y su historia no dice lo contrario. Así debió seguir hasta el establecimiento del ferrocarril a la costa, obra que iba a hacer variar la socialidad de Arequipa. Todavía en 1867 el Carnaval debió encontrarse en pleno auge, cuando el Prefecto de la época, para celebrar el primer aniversario del a victoria del 2 de Mayo, tuvo la ocurrencia de decretar tres días de festejo carnavalesco, desde esa fecha, por ser éste lo más regocijado que encontró en la vida arequipeña. Todos se rieron, y a dos o tres jugadores que salieron la chiquillería los pifió y corrió. Ese Prefecto repitió el caso de aquel Corregidor de Moquegua, que, para celebrar no sabemos qué acontecimiento, ordenó una Semana Santa, en fecha inusitada del año, según refirió el tradicionista Cateriano, porque la Semana Santa era lo mejor de aquella tierra. En esa época, el juego se reconcentraba en el jirón que va de Guañaimarca (hoy Rivera) a Mercaderes y de Mercaderes a la calle del Puente Viejo (hoy Bolognesi) y de ésta al Beaterío. Las familias que vivían en él invitaban a las demás, y el jirón era el disloque o el descuaje, como ahora se dice. Rompían la marcha de los jugadores los caballeritos de las buenas familias, vestidos enteramente de blanco, motivo por el cual se los llamaba "los blanquillos'. Seguían las autoridades, en enjaezados corceles, y luego los jugadores de categoría y el pueblo que se divertía como en día de balas.

Eran los tiempos en que esos jugadores de categoría arrojaban a la chiquillería amotinada a su rededor cartuchos de monedas de plata, reales y medios, siendo lujo el que fueran "huevitos". Y antes, que fueran cuartillos del mismo metal, acuñados en la Casa de la Moneda de Arequipa, los cuales llevaban en el centro la figura de un venadito o vicuñita. Se les apreciaba en mucho y se los guardaba, porque eran de buena plata. Entonces no había bandos restrictores.

Los caudillos eran los primeros en dejarse empapar y polvear. Se cuenta que esto hicieron jubilosamente las cholas de Miraflores con Santa Cruz, cuando regresaba de Quequeña, cubierto con poncho de "carro" (tela gruesa e impermeable), y que el Jefe de la Confederación se inclinaba complaciente para que lo jugase el pueblo conforme a la costumbre criolla. Se cuenta también que tal era el entusiasmo que no escapaban de él ni los severos magistrados, Fiscal de la Corte era el Dr. Ezequiel Rey de Castro P., calificado de Arístides por su autoridad, miembro que había sido de la Convención. Pues hubo Carnaval en que apareció montado a los grupos del caballo en que iba apuestamente el Prefecto General Diez Canseco, pero montado en sentido contrario, espalda con espalda, colmado con el mismo regocijo de la multitud.

Cuando pasaron los días locos, fue tal su vergüenza que pidió licencia de su alto cargo y se sepultó por tres meses en su hacienda de Vítor. El carnaval que nosotros alcanzamos Comenzaban los bailes de máscaras desde Navidad o Año Nuevo, según que el Calendario marcara temprano o tarde la alegre fecha, y sólo los había en las grandes casas y no formaba parte de las comparsas cualquiera. Aún la distinción colonial continuaba en la vida de los salones que entonces se denominaban 'cuadras'. La "cuadra" era la pieza suntuosa que formaba "el principal", como llamábase al lado del patio "fronterizo" a la "puerta de calle".

Desde el zaguán alborotaban las "mascaritas" (generalmente se les designaba en diminutivo), con sus gritillos en falsete, que los asemejaba a bandada alegre de vocingleros periquitos.

Y así inundaban el salón, donde, tras los saludos de mojiganga y las bromas gentiles o intencionadas, se rompía el baile con la cuadrilla, tan señorial, y se seguía luego con los valses, mazurcas y polkas, cuando ya se propagaron, que antes debieron ser el rigodón, el minué y otros tan armoniosos como de elegante decencia. Los disfraces eran de fina seda o de raso y consistían y de "tipos" (los estrafalarios) usándose también en los dos últimos el terciopelo. Y en tales momentos, el cambiadizo movimiento del salón, realzado por las "toilets" de las damas, era kaleidoscópico mientras la orquesta que cada "partida" (comparsa) llevaba, esparcía sus bailables sones entre los que de cuando en cuando, vibraban los de "El Carnaval de Arequipa" ¡para... entusiasmar! Hemos olvidado que, al ingresar la comparsa, el que la llevaba se descubría ante el jefe de la casa, en habitación reservada, y garantizaba que todos sus compañeros eran personas dignas. Sin esta formalidad, no había baile.  No obstante, como no faltan caballeritos trúhanes, hubo vez en que un apuesto negrito, ayudante del General Canevaro (1805), logró a cambio sin duda de gollerías económicas, se le mezclase en la "partida". Recorrió varios salones, hasta que una señorita, en algún movimiento de la manga del dominó, vió la piel negra a raíz del guante ¡Un negro! fue su grito de susto e indignación.

Y ya es de imaginarse la tremolina y la fuga. Sólo los "piratas" no tenían obligación de prestar garantía, pero tampoco tenían derecho de bailar. Llamábanse así dos o tres "mascaritas" sueltos, que recorrían los salones sin otro entrenamiento que bromear, decir chistes, hacer reír en suma. Necesitaban ser mozos de mucho ingenio y preferían el traje de fantasía o de "tipos". También los "piratas" estaban exceptuados de obsequiar a las damas, pues quienes iban en partida acostumbraban, en los intermedios, regalarlas con cajitas de finos polvos, pomos de perfume, etc. Una gentil sonrisa era la correspondencia. Eran los tiempos en que todavía se enamoraba a lo Melgar: románticamente. Seguir a la Silvia soñada a la Iglesia, miraditas suspirosas y furtivas, "pelar la pava" en vano en las tardes, alguna misiva idealista por medio de la servidumbre y otros langores sentimentales. Pero llegaba el Carnaval y los bailes de máscaras y el juego proporcionaban la ocasión de acercarse a la Silvia de los ensueños y de hablarla y de prometerse "amor eterno" y no pocas veces de iniciar un noviazgo. Ya es de suponerse, pues, la inquietud de los jóvenes. Pero volvamos a los bailes de máscaras. A cierta hora se pasaba al comedor para el ambigú, ya todos con las caretas quitadas, y entonces venían los cargos por las bromas hechas y las discusiones reideras sobre si se conoció o no al disfrazado. Sólo entonces podía contestarse a firme a la inocentona pregunta hecha desde la entrada de la "partida", con voz de "mascarita": ¿me conoces? En la mesa del ambigú se encontraba en abundancia fruta, colación, unos licores, la infaltable chicha dulce, tazas de caldo, reconfortante, con exquisitas presas de pollo. Vibraban charlas. Sonaban risas de festejo.

Nuevo baile, y con una marcha entusiasta se retiraba la "partida" para dar paso a otra, no sin cambiar pullas al cruzarse en patio y zaguán. Los salones se cerraban a la hora que era la voluntad de la casa respectiva, pero cuando se anunciaba "remate" —confluían todas las partidas, de manera que entre las tres y cuatro de la mañana era el salón una Babilonia de disfrazados, que aturrulaban con sus voces en falsete de alegres periquillos. Pasada la hora del alba, comenzaba la retirada ya con la vocinglería algo ajada. Y eran los momentos peligrosos, porque el alegror de los licorcillos, las sátiras entre las "partidas" o individuales, amén de las rivalidades amorosas, solían resolverse en trompadazas criollas, ritmadas con los aspavientos de las "muchachas" (señoritas, familiarmente) y el escándalo de las primeras beatas que se encaminaban a misa. Recordamos los suntuosos "remates" en casas de nuestro barrio (el de Santa Catalina): en la del ex Presidente de la República General Diez Canseco, en la de los Polar, en la de Rickettes y en la de Don Enrique Barrón, cuyas hermanas, garbosas limeñas, perturbaron los sentidos en la ciudad del Misti. El carnaval popular El pueblo también se divertía, ya entreverado con los jugadores o ya a baldazo limpio. Pero el agua de estos recipientes estaba también coloreada con airampo. Era una injuria arrojarla sin colorear, se indignaba quien "era empapado con agua cristalina".

"No tiene Ud. medio para comprar airampo", y con frecuencia la gresca se armaba. Hoy sucede lo contrario: es ofensa echar agua teñida, pero hay que advertir que antes el color se daba con el fruto de aquella cactácea y que en los últimos tiempos se sustituyó con anilinas de todos los matices. Y ¡ay! los ternos cuestan, sobre todo a estas alturas en que, como dijo el otro, "los precios suben por ascensor y los sueldos por gradas". Las calles quedaban como después de un aguacero torrencial. Pasar por delante de las puertas de las casas grandes sin recibir un diluvio, habría sido milagro, porque era el placer de la servidumbre bañar a todo transeúnte, entre descomunal algazara y mientras mayores eran las protestas del empapado, arreciaban las cataratas de los baldes. "Quien no quiere que lo mojen, que no salga", era la máxima de esos días. Al mismo tiempo cruzaban las calles, causando alborozo, tipos populares disfrazados de lo que les daba la gana y empeñados en que el público se divirtiese a su costa. Pero el día de las 'bifalas' (así se decía) era el martes. De Yanahuara y de Miraflores bajaban a la ciudad ruedas de cholos y cholas o de indios o indias, transeúntes éstos, bailando huainos, cashuas, etc., al son de vihuelas o charangos. Todos polveados, otros con disfraces adefesios algunos, otros portando cañas de maíz ya en espiga y cantando con una canturria triste, pero de letras intencionadas.



 Desde luego, todos ya inecuánimes por las libaciones de chicha en todas las picanterías del trayecto, que las botellas de licor blanco ellos la llevaban y a cada rato la empinaban. Se detenían en los cruceros, en los que el baile en círculo era más animado y los dichos y cantares partían como otros tantos cascaronazos, sobre todo si era tiempo de agitación política. Era uno de los modos de desfogue de la sátira popular, cargada de gruesa sal criolla. La copla común e inocente era ésta, en la que se variaban las palabras consonantes según el distrito a que se aludía. 'A mi amor lo pintan en una sandilla, para las buenas mozas, las de la Antiquilla ¡Apúcllay!" Yanahuara, situado al NO, y Miraflores, situado al NE, son pueblos rivales, quien viene del primero a la ciudad tiene que "chimbar" (vadear) el río. Pues las huifalas del segundo distrito les cantaban así: "Las de Miraflores, zapatos bordados: las de Yanahuara, zapatos mojados" Y suponemos que no se quedaban sin respuesta. También aquéllas al pasar por el monasterio de Santa Rosa o Santa Teresa, de regreso a su distrito soltaban esta coplilla. "Vota tu mistura, china de las monjas, para las pampeñas, que son tus señoras" Estas "pampeñas" o miraflorinas siempre eran las triunfantes', pero últimamente se sintió vibrar esta saeta "Las indias pampeñas gastan en piano por menear el mundo, como el aeroplano" Cuando se encontraban dos bifalas, la "batalla" era inevitable. Principiaba por las sátiras, seguía con las trompadas y terminaba con la trabajosa intervención de la policía, que obligaba a seguir a cada una camino contrario.



La yunta de don Elvis Benavente Romaña, (el fijo y el chevere)

El martes de Carnaval popular se concentraba en el Cerrito de San Vicente, al extremo de Yanahuara, pero ahí se jugaba al uso serrano, a duraznazos y a golpes en las pantorrillas. El miércoles era de Miraflores, pues ahí se iba a enterrar el Carnaval, representado por un muñeco, cargado con cuanto adefesio se le pedía cargar y cabalgado en un borrico de mala muerte. Aún se jugaba en el lugarejo y las bifalas abundaban, sobre todo las de indios, de modo que las quenas y charangos se oían por doquier. Quimsa-mocco se llama el sitio por tres colinas, que en los años de lluvia se cubren de verdor. Cuando esto sucedía, se "cutaneaba". Se llamaba "cutanear" al hecho de abrazarse fuertemente un hombre y una mujer y rodar desde la cima de la colina hasta el pie. Todo esto es tiempo pasado. Mientras todo esto ocurría en el paraje del popular paseo, que es en la pampa, las picanterías del pueblo estaban bullendo de plena diversión, aún las gentes con la señal de ceniza que el sacerdote les había puesto en la frente en la mañana, con el "pulvis et reverteris" consabido.

   Francisco mostajo


Que se callen los pianos, que perdone el Carnaval y usted comadrita linda al próximo año vendrá

Como tenemos ya dicho, en la vida y en la muerte de los antepasados de nuestros antepasados, la religión ocupaba -y por varias letanías- el centro indiscutible de su interés. Si las fiestas son a la vida como la cecina al chupe (la presencia o ausencia de aquella determina que éste resulte sazonado o desabrido), pues, ¿¡quién les dice!? que las fiestas más sonadas eran, precisamente, las religiosas, que como toros de una misma yunta combinaban los devotos ritos y las fritangas civiles; sin embargo, en aquellos tiempos había una fiesta en la que un solo toro hacía todo el trabajo: las fiestas del carnaval. Tan celebrados eran los días de Ño Carnavalón, que los arequipeños decimonónicos no se contentaban con los días señalados por el almanaque y como preámbulo de las festividades, instauraron la costumbre de los Jueves de compadres desde tiempo tan remoto que ni el Tuturutu puede precisar (a los que duden hagan la prueba de preguntarle).


Nota: Las Comadres es una fiesta que se celebra en Asturias y otros lugares de España Los JUEVES DE COMADRES tienen su origen en las romanas fiestas “matronalias”, en honor de la diosa Juno, celebradas en días de primavera y con finalidad de exaltación de la feminidad. Día en que la mujer cobra especial protagonismo, como vienen haciendo cada 5 de febrero, desde 1227, en Zamarramala (Segovia) donde las mujeres, ese día, rigen el Ayuntamiento como alcaldesas, designan al “Matahombres de Oro” y premian al “Ome bueno e Leal”.

En Asturias, este jueves previo al carnaval, las mujeres comadrean, meriendan bollos preñaos, picadillo, callos, picatostes o torrijas… y hasta asisten, algunas, a espectáculos “sexy boys”. Y desigan a la COMADRE DE ORO y al FELPEYU DE ORO”.

El JUEVES DE COMPADRES suele celebrarse en coincidencia con el de Comadres o, en algunos pueblos, el jueves anterior. Se le conoce como JUEVES LARDERO (en el antiguo castellano “lardo” era el nombre del tocino) y su origen se remonta a los finales del siglo XV o inicios del XVI. Los varones, para demostrar su cualidad de cristianos viejos o de “paganos” conversos, comían públicamente tocino, alimento prohibido a los judíos y mahometanos. En Arequipa el jueves ante penultimo al carnaval es el jueves de compadres y el último el de comadres, por estas fechas que con coincidencia caen las lluvias  se hace apuestas para saber si es un buen año y cuando llueve  en algún jueves, sea de comadres o compadres  se dice que los compadres lloraron mucho  y que será buen año. 


Diez días antes del Domingo de Carnaval, se verificaba el Jueves de Comadres cuando las matronas de la localidad enviaban a alguno de sus compadres (el de mayor aprecio o el mas rompón) un obsequio que podía consistir en una colcha tejida, una canasta de frutas, una chombita de chicha u otro objeto de significación y valor. 

El agraciado recibía el obsequio y la primorosa esquela de su comadrita; quedando con ello sellado un compromiso ¡tan serio! que ni los contratos elevados a escritura pública de ahora generan mayor obligación. El jueves siguiente, que resultaba el previo al carnaval, en cabalgaduras, en el urbano o a pie, partía una numerosa comitiva invitada por el compadre obsequiado y en la que, obviamente, iba la comadrita del obsequio y los familiares y amistades más íntimos de los protagonistas. Se encaminaban  a una picantería de Yanahuara, Sachaca, del callejón Loreto o el Palomar, que con días de anticipación había sido contratada por el compadre. Llegados a destino y, luego de apagar la sed del caminante con unos espumosos cogollos, abrían el apetito con unas zarzas picantes o un batido de rocotos que ponían en ristre no solo las glándulas salivales sino hasta las lacrimales de los convidados. A poco, comenzaban a desfilar los más exquisitos potajes cholos: picantes, cuyes chactados, estofado de gallina, choclos con queso, habas puspas y el infaltable chancho al homo que era al Jueves de Compadres tan necesario como el compadre mismo. 

Después de tan opípara merienda, surgía el bajamar de rigor y el "obligo a mi compadrito”, “le pago a mi comadrita", "mi amor con usté se va", "correspondido será"; por ahí el bordoneo en mozamala de una vihuela y rompían el baile la pareja de compadres,  jaleados por los demás, que entonaban la glosa:  “Ya salieron a bailar /la rosa con el clavel,/ la rosa derrama flores/ y el clavel los va a coger”. 

Entrada ya la noche volvían a la ciudad con el estomago hinchado y la cabeza caliente, terminando todos en casa de la comadre para el "Remate" de rigor en que las frases pasaban de cumplidas a atrevidas, y el paso de los danzarines de ceremonioso a un trote de nunca acabar. Cuando el lucero de la  mañana anunciaba el nuevo día –que era de ayuno por ser viernes-, se retiraban los circunstantes, quedando todos invitados a pasar el carnaval en casa de la comadre, como establecía la costumbre. 

Fuente:
Texao.  Arequipa y Mostajo.  Tomo II, fasc. II,
Juan Guillermo Carpio Muñoz
Arequipa, 1983, 2° ed., p. 37





Cuando las "niñas" de 10 a 30 años de edad sentían en el trasero . el golpe contundente y preciso de un pepinillo de papa tirado por la cacha de un palomilla, sabían que venía el carnaval. Cuando las muchachas domésticas eran golpeadas y, al mismo tiempo, empolvadas por "matacholas" (otra "arma" de la "guerra" divertida del carnaval, consistente en una larga media de señora que en el extremo cerrado llevaba como un ovillo de trapos y polvos), sabían que venía el carnaval. Cuando los ccoros, después de comprar en las tiendas, eran yapados con confites, sabían que venia el carnaval. Y esto sucedía desde un mes antes del día en que, efectivamente, llegaba el carnaval.

Los pepinillos de papa, lanzados como perdigones, eran las reminiscencias de épocas prehispánicas en que los indios en determinadas épocas del año, solían jugar a "la guerra" arrojándose y golpeándose con frutos y otros productos vegetales. Los confites, que en los días mismos del carnaval también servían para ser arrojados y, las "matacholas", eran versiones mestizas y relativamente modernas de aquellas reminiscencias.



En una sociedad tan católica y restrictiva como la arequipeña, los carnavales han sido siempre muy esperados y festejados. Sin embargo, hasta donde podemos precisar de acuerdo a nuestras investigaciones históricas, alcanzaron su apogeo (como en otras ciudades del Perú, particularmente en Lima) en las décadas que corrieron entre 1920 y 1950. De ese apogeo nos estamos ocupando.

Por disposición eclesiástica el carnaval dura los tres días que preceden al miércoles de ceniza. En el Perú de los años señalados, los tres días eran de fiesta: domingo, lunes y martes de carnaval. En Arequipa el carnaval empezaba el sábado, con la soberbia "Entrada del No Carnavalón" que venía desde Miraflores, escoltado por decenas de muñecos gigantes y algunos centenares de "cholas pampeñas" que bajaban bailando, tomando y cantando con el acompañamiento de "la Banda del Ejército" y el bullicioso reventar de cuetes chinos. Muchas eran las coplas, conocidas e improvisadas, que se cantaban como grito de batalla, pero una era la más repetida de ese y los otros días de carnaval:

"Cantemos, bailemos ¡apujllay! sobre una granada, hasta que reviente, ¡apujllay! agua colorada".

En pocas palabras, las cholas pampeñas bajaban pidiendo "guerra", pues provocaban con sus contoneos, además de arrojar mixtura a la multitud de espectadores y hasta envolvían serpentinas de colores en el cuello de algunos "viejos verdes" que esa tarde al ser tocados por una adoradora del No Carnavalón, sentían ser tocados por la inmortalidad. Por la noche del sábado eran numerosos los bailes familiares que se verificaban al son de estudiantinas, pianolas y "victrolas"; varios de los cuales eran de disfraces o, por lo menos, de caretas y antifaces.



Reinas de los juegos florales de Arequipa 1912, fotografía de Max T. Vargas

Podríamos decir que el Domingo de Carnaval era el día de la galantería, pues las gentes estaban dispuestas a las acciones y expresiones obsequiosas, elegantes y ¿por qué no? cortesanas (si tenemos en cuenta que por aquellos tiempos la Reyna de Arequipa era la dama ungida como Reyna del Carnaval). Ese día todo era cumplidos, piropos y un cultivo acentuado de las buenas maneras entre las gentes, especialmente en los acercamientos entre solteros y solteras.



El acto central del Domingo lo constituía el Corso de Flores. Los "carros alegóricos" tenían la particularidad de estar adornados -algunos íntegramente cubiertos- por flores naturales. Presidía el alegre cortejo la Reyna del Carnaval que era designada por una junta de vecinos notables ligados a la Municipalidad. Hubo años también en que se eligió por voto popular, con ánforas en el Portal de la Municipalidad y Comité Electoral incluso, a la Reyna del Carnaval. Elegida o designada, la reyna siempre se escogía entre las más bonitas señoritas "de sociedad" (eufemismo que se utilizaba para nominar a las familias de mayor poder económico). Por supuesto que la radiante Reyna estaba rodeada de corte de damas de compañía y pajes, todos vestidos de etiqueta. Su majestad saludaba a sus súbditos agitando sus brazos en alto y les regalaba con la mejor de sus sonrisas, con sus besos volados, ayudada por su corte, desenrollándoles "serpentinas de conversación" y hasta echándoles los confites de carnaval más pequeños (pelotitas de azúcar que por núcleo llevan un granito de trigo, anís o ajonjolí de colores rojo indio y blanco).


La animación era general entre los concurrentes al corso que se emplazaban, esa refulgente mañana de domingo, en los balcones, ventanas, azoteas y aceras de las calles y la Plaza de Armas por donde pasaba el festejo. Todas las familias se esforzaban porque sus hijos tengan vestido de estreno en el corso del Domingo de Carnaval. Incluso los más pequeños eran primorosamente disfrazados para concurrir a ver el corso, de pierrots, de colombinas, de japonesitas, de turcos, de chunchos, de diablitos, de chinitas,etc. Todos sabían y respetaban la tradición de no jugar con agua y hasta con polvos ese día en lugares públicos y, por supuesto, en el corso de flores. Para eso estaban las "serpentinas de conversación" con piropos y otras frases galantes; la mixtura colorida de papel picado; los "chisguetes de eter" cuyos chorros provocaban una sensación helada, pasajera y localizada; los confites más pequeños. Los señoritos se daban el lujo de rociar con agua florida y hasta con perfumes finos a las damiselas más atractivas. Las bandas del Ejército y otras menos formales, esparcían con reiteración la melodía del Carnaval Arequipeño y su contagiante ritmo.




Pasado el mediodía, concluía el corso pero no la alegría. Regresaban todos a sus casas y cada familia se entregaba al más extremo sibaritismo que sus recursos les permitía. Para empezar, en toda casa estaban al alcance de la mano los confites de carnaval, no sólo los pequeños ya descritos, sino los grandes que eran de maní, castañas, nueces. Después de ponerles el último toque, la reyna del hogar, llena de orgullo, daba de tomar la "chicha de carnaval" que personalmente había preparado en los últimos tres días y de acuerdo a la receta que aprendió de sus antecesoras. En realidad las chichas de carnaval podían ser de dos clases: "la chicha dulce" también conocida como "chicha de frutas", que era la más difundida y celebrada, hecha con membrillos, manzanas, "granuja" de uvas, piñas maduras, higos secos y otras frutas y especias; y la "chicha de masa", cuyo ingrediente principal era la harina de trigo. Aunque en su contenido podía ser diverso por las distintas tradiciones familiares o por la especialidad de la dueña de casa, el almuerzo era opíparo. La mayoría de familias se servían un exuberante puchero con carnes de pecho de vaca, de cordero, lonja de chancho, cecina, papas, camote, choclo en rodajas, zapallo, chuño blanco, ocas, peras, manzanas y hasta duraznos, por supuesto que con abundante repollo y llatan, para los grandes y, ocopa para los chicos.

El puchero se servía -"como Dios manda"- en dos platos sucesivos. Primero el "hondo" con el caldo en que se cocinó todo lo enumerado, al que se agregaba un poco de arroz graneado. Y, después, "el plano" en el que se amontonaba todo lo sólido cubierto por las hojas del repollo hervido. Se remataba el almuerzo con un banquete de frutas al natural en que reynaban la sandía, el blanquillo y la uva Italia; teniendo por subditos al melón, a los duraznos de carne amarilla, a los duraznos de corazón rojo, a los "aurimelos", a los damascos, a los higos blancos y negros, a los mangos y a las uvas negras. En realidad, ningún día en el año la fruta brilla tanto en la mesa arequipeña como el Domingo de Carnaval. Cuando la extendida sobremesa contagiaba el sopor entre sus beneficiados, no faltaba un muchacho que sobaba la cáscara de la sandía, por la parte de tuvo su rojo cuerpo, en la cara de la hermanita y se desataba -ya en el patio familiar- el juego con agua, polvos y anilina de los menores de casa, entre gritos, ayes y risas.



En la tarde del Domingo de carnaval era de rigor que las señoras mandasen en obsequio a sus amigas y familiares más queridas jarras de su chicha, canastas o bandejas con frutas y hasta pedazos del chancho al horno que habían preparado para dar de "lonche" esa tarde a sus gentes de casa. Como esta conducta era recíproca, en cada casa se verificaba una especie de concurso de chichas de carnaval y las familias se estrechaban entre sí con los lazos de la gratitud y de los cumplidos.

Después de servirse el consabido chancho al horno, generalmente de un lechón criado en casa con puro maíz, la familia con algunas amistades se dedicaban a cantar, bailar, beber y jugar con polvos, mixtura y serpentinas.

El Lunes de Carnaval era el primer día en que estaba permitido - públicamente- el juego con agua, por eso muchos lo llamaban "el lunes de agua". A golpe de nueve de la mañana, cuando el sol comenzaba a calentar el ambiente, salían las pandillas de muchachos desafiantes por las calles de la ciudad, a combatir contra el "ejército" de pimpollos enfaldados que se parapetaban en sus casas y que furtiva, como coquetamente, los atacaban desde balcones, ventanas, azoteas y muros.

Aunque la diversidad de "uniformes", equipos y hasta composición de las pandillas, dependía del poder adquisitivo de sus integrantes; todos utilizaban para la "guerra" a distancia: los cascarones.
Meses antes del carnaval, en las casas, en las tiendas y, sobre todo en las panaderías y pastelerías de la ciudad, se atesoraban los benditos cascarones. Para utilizar los huevos de gallina se hacía, con mucho cuidado, un orificio pequeño -cuando más pequeño más valioso- en uno de los extremos de la cáscara. Se consumía el contenido y con delicadeza se guardaban los cascarones en una canasta hasta el carnaval, en que se convertían en un preciado tesoro. Llegada ya la fiesta del Rey Momo, se teñía agua con airampo y se llenaba cascarón por cascarón (después se utilizaría la anilina y hasta la tinta de lapicero). El orificio de los cascarones llenos se tapaba con un pedacito de tela pegada con cola. Seca la cola, la munición quedaba lista para ser disparada.

Las pandillas de "los niños bien" eran vistosísimas. Todos sus integrantes -más o menos doce- vestían completamente de blanco (camisa, pantalón y zapatillas), indumentaria que exprofesamente se hacían para un día de carnaval y en la que los cascarones que les caían marcaban heridas coloradas imborrables. Además de sus miembros, estas pandillas llevaban contratados a cargadores que en sus espaldas y brazos llevaban canastas y "balayes" llenos de cascarones con agua colorada. Las pandillas más pudientes se daban el lujo de contratar además una banda "de guerra", perdón una banda de ccaperos, para que no les faltase, en cada uno de sus ataques, el "Cantemos, bailemos ¡apujllay! / sobre una granada,/ hasta que reviente ¡apujllay! / agua colorada."

Avanzaban los pandilleros por la calle, cantando, bailando, gritando y entablando pequeñas escaramuzas con algunas francotiradoras. En las casas que presumían "enemigas" hacían algunos tiros de provocación: trizando el vidrio de una ventana o levantándole un chichón a un ccoro curioso de una azotea que no quiso delatar al "enemigo". Cuando les respondían el ataque o, por sorpresa, les llovían cascarones o baldazos de agua, sabían los pandilleros que ahí era la "guerra". Entonces se ubicaban frontalmente a la fortificación enemiga, la banda tocaba con más fuerza, los estrategas evaluaban los puntos débiles del emplazamiento rival y determinaban los lugares por donde lo asaltarían; mientras la tropa, como hélices humanas, lanzaban los cascarones o sorteaban los que les venían.

Cuando estaba por terminarse la munición, procedían al asalto, ya sea escalando muros o forcejeando la "puerfi calle". Una vez dentro del campo enemigo empezaba la batalla final en el zaguán de entrada y en el patio casero, donde el combate era cuerpo a cuerpo. Damiselas y jovenzuelos mojándose, resbalándose, manoseándose, pelliscándose y en medio de un griterío infernal se disputaban el control del abastecimiento de agua que estaba depositada en la piedra del pilón, en gamelas y bateas; donde la mayoría de veces terminaban metidas las lideresas de la tenaz resistencia. Terminada la batalla, seguía una etapa de reproches mutuos y, entre la diversión general, la reconstrucción de los hechos. Enseguida los asaltantes eran agasajados con chicha de carnaval, confites y uno que otro bocadillo. Algunas veces los jovenzuelos eran invitados a quedarse a almorzar o, bien, a regresar "por la tardecita" en que se verificaba un baile juvenil muy entretenido. Si el cuerpo les daba para más y tenían más pertrechos, la pandilla prometía regresar "por la tardecita" y partían a verificar otros asaltos. No se crea que el éxito en tomar un castillo de doncellas se debía a la sapiencia "militar" de los jovenzuelos, no. Eso era lo que ellos creían. Pero en realidad eran las doncellas quienes elegían con quién combatir y quienes decidían hasta donde resistir. En conclusión, no era un "casus belli" sino artes del amor galante.



Como que era el último día, el martes de carnaval era de locura, "todo estaba permitido". Por añadidura, los soldados del Ejército (de a verdad) eran liberados ese día, después de haber estado en los precedentes acuartelados y con ganas de amotinarse. Además de las consabidas pandillas callejeras, en los barrios más populares se verificaban verdaderas batallas campales con cascarones, agua, hollín, polvos, mixtura, harina, serpentinas y en las que no faltaba uno que otro desalmado que tiraba cascarones pero de huevo de pato o de pavo que, por irrompibles, eran de artillería pesada. Las batallas más célebres se daban en "las siete esquinas" y en "la Casa Rosada" (mocotectes de hoy día, no vayan a pensar que me refiero al Palacio Presidencial de la Argentina. En "illo tempore" se llamaba Casa rosada a una enorme casa de vecindad, que era como una pequeña cuidadela, que quedaba donde hoy se levanta el Conjunto Residencial Nicolás de Piérola al fondo de la calle del Guatanay, perdón, al fondo de la calle Piérola).

Otros dos escenarios bélicos muy concurridos en Martes de Carnaval eran la Pampa de Miraflores y el Cerrito de San Vicente en Yanahuara. Allí los enfrentamientos tenían sus matices, aunque en los dos casos parecía verificarse el rapto de las sabinas. Al final de la Calle Grande, en la Pampa de Miraflores (donde hoy se ubica la Plaza Azángaro) terminaba la ciudad. Allí, entre bailes; juegos con polvos, ceniza, agua, cascarones, chisguetes, mixtura, serpentinas; comparsas; estudiantinas; bebida; fritangas; trompeaderas y yo- te-estimo; los pampeños (miraflorinos) y los ccalitas de la ciudá se disputaban los favores de las más guenasmozas "cholas pampeñas". En forma parecida en el Cerrito de San Vicente se parapetaban los recios yanahuarinos a defender "sus" mujeres que los fortachones caymeños querían enamorar y raptar. No se piense que todos iban a la trompeadera o que con ella terminaba el fandango. Había trompeaderas sí; pero lo que más había en San Vicente como en la Pampa, era una emulación entre jóvenes del lugar y los que llegaban de fuera por ganarse el derecho a cortejar a las lugareñas más bonitas, demostrando ser el mejor bailador, el mejor bebedor, el mejor trompeador, el mejor guitarrista, el mejor cantor, el mejor coplista (creador de coplas improvisadas que su grupo cantaba con la música del Carnaval Arequipeño, zahiriendo al grupo rival o piropeando a las guenasmozas). En fin, todos terminaban más mojados por dentro que por fuera.


En la ciudad, la tarde y la noche del Martes de Carnestolendas (como decían los engolados) se efectuaban numerosos bailes sociales, la mayoría de disfraces y "de fantasía" en clubes sociales, deportivos, asociaciones culturales, gremiales y "laboristas". Los más célebres fueron los del Club Internacional (que entonces quedaba al final de la calle San Juan de Dios) y los de La Casa del Maestro (altos de una casa abalconada de la segunda cuadra de Tristán). No puedo dejar de señalar que nuestros antepasados "movieron el esqueleto" disfrazados de colombinas, pierrots, dominós, kuklusklanes, diablos, japonesitas, turcos, ñustas, toreros, manólas, mosqueteros, gitanas y cuanto hubo; embrujados por la música interpretada por orquestas tan celebradas como las de don Benigno Bailón Farfán y donAurelio Díaz Espinoza. Los ritmos de moda tenían su esplendor en el Carnaval.

En los primeros lustros del siglo XX reynaron las cuadrillas, mazurcas, jotas, galopas, pasodobles, valses y marineras. Entre la primera y segunda guerra mundial, época del esplendor del carnaval en Arequipa, los arequipeños demostraron sus dotes dancísticas y enamoraron, a los compases del "fox¬trot", del "blue", del "one step", del "cameltrot", del "charleston", del bolero, de la guaracha, del tango, del vals criollo. Pero por sobre todos esos ritmos, siempre brilló nuestro autóctono carnaval Arequipeño, contagiosa pampeña que constituye la música popular más difundida de la historia de Arequipa.




Orquestas como , Los delirios, Centty , Yalan y los Linares amenizaban las fiestas d e carnaval a mediados del siglo XX

El Miércoles de Ceniza, que ya era laborable, la mayoría de la población volvía a la normalidad acudiendo muy temprano a misa a pedir perdón por los pecados cometidos (propios y extraños) y a recibir una cruz de ceniza en la frente que les recordaba que la Pasión del Señor empezaba. Quienes se resistían de volver a la normalidad, concurrían la tarde del Miércoles de Ceniza al entierro del No Carnavalón en la Pampa de Miraflores y; otros, predominantemente chacareros, preferían asistir a las peleas de toros de la Acequia Alta, que eran seguidas de carreras de caballos chuscos (ordinarios), montados "al pelo" por sus jinetes cotidianos. Después del Miércoles de Ceniza, si algún niño usaba algún juego de Carnaval, era reprendido por los mayores y obligado a abandonarlo, con el calificativo lapidario de "diablo cuaresmero".

El domingo siguiente al Domingo de Carnaval se realizaba la fiesta de la Amargura en Paucarpata y, al subsiguiente, la fiesta de Cuasimodo en Tiabaya. La religiosidad de Arequipa volcada a venerar a Jesús Nazareno en esas dos encantadoras villas rurales, demostraba que Arequipa toda se hallaba inmersa en los tiempos de pasión.





LA MUSICA EN EL CARNAVAL AREQUIPEÑO

El Carnaval arequipeño, como género musical, es una pampeña, con el ritmo mucho más marcado y acentuado. Es más rítmico que melodioso, pues en realidad se trata de un género musical para ser bailado como una danza pandillera y de recorrido. El carnaval arequipeño se lo interpreta como música "de guerra" en el juego del carnaval y, por tanto, indistintamente se lo eje¬cuta con el acompañamiento de las bandas de ccaperos o de las estudianti¬nas. El carnaval arequipeño tiene unas coplas que los grupos en juego improvisan para zaherirse cantando. En la presente grabación hemos preferido la brillantez de la versión instrumental, pero ahora es necesario que se difundan las coplas más célebres de las que he podido recopilar. La contagiante música del carnaval arequipeño tiene una extraordinaria difusión popular en todo el sur del Perú. La línea melódica que se repite en las coplas que siguen: 





COPLAS DEL CARNAVAL AREQUIPEÑO
 Recopiladas por Juan Guillermo Carpió Muñoz


Cantemos, bailemos, iAPUJLLA Y! (1)
 sobre una granada, hasta que reviente, iAPUJLLA Y! 
agua colorada.
Las cholas cay menas, iAPUJL LA Y!
 montadas a burro,
con las piernas "ccalas" (2) iAPUJL LA Y! 
enseñando el culo.

El año pasado, iAPUJL LA Y! 
con tanta "guaragua" (3)
 y este año que viene iAPUJL LA Y! con tamaña guagua.

Estos carnavales ¡APUJL LA Y! 
¿quién inventaría?
el "ccasa" (4) Morales
 ¡APUJLLA Y! de la Ranchería. (5)

"Chancame " (6), "chancame " ¡A PUJL LA Y!
 "chancarme" los "huevos" (7)
 y si no los chancas, ¡APUJLLA Y! 
"quedate" (8) con ellos.

Los indios pampeños, (9) ¡APUJLLA Y! 
con tamaña "geta" (10)
 barriendo las calles ¡APUJL LA Y! 
pa'que pase Urquieta. (11)

Ha llegado un barco ¡APUJL LA Y! 
lleno de galletas, para regalarlas ¡APUJLLA Y! 
a las "bicicletas" (12)

A mi amor yo pin to ¡APUJL LA Y! 
en un "lacayote", (13) 
los que me aborrecen: iAPUJL LA Y! 
bésenme el "ocote". (14)

El día domingo ¡APUJL LA Y!
 con sombrilla en mano, 
llega el día lunes ¡APUJL LA Y!
 con su "quepe'guano" (15)

El cielo de Cayma (16) ¡APUJLLA Y! 
no quiere llover,
porque el "tata cura" (17) ¡APUJLLA Y! 
tiene su mujer.

Carnaval "cojudo" (18) ¡APUJLLA Y!
 muy pronto te vais,
dejando a los "lonccos" (19) ¡APUJLLA Y! 
"meyando " (20) "p 'atrás".

(1)¡Apujllay!. Arequipeñismo derivado del verbo quechua: "Pukllay" (jugar) y que significa: ¡juguemos!, refiriéndose exclusivamente al juego del carnaval. 
(2) "Ccalas". Arequipeñismo derivado del quechua que significa: desnudas, descubiertas. También, en contraposición de "lonccos" (habitantes del campo), sirve para nominar a los habitantes de la ciudad.
(3) "Guaragua". Peruanismo que se refiere ai adorno exagerado en el vestido, o en general en el arreglo personal. También, por extensión sirve para calificar la utilización exagerada, barroca o inconsistente del hablar.
(4) "Ccasa". Arequipeñismo que designa al desdentado parcial, pero evidentemente.

(5) La Ranchería. Nombre de un barrio antiguo y popular de la ciudad de Arequipa que hoy se nomina: Calle Octavio Muñoz Nájar. Esta copla del Carnaval Arequipeño que hasta la fecha se canta, es idéntica —salvo una palabra— a una estrofa de la canción: "Los Monos", que el pueblo arequipeño cantaba en diciembre de 1867 cuando a fuego limpio luchaba contra el ejército peruano y el gobierno del Presidente del Perú: Mariano Ignacio Prado, quien personalmente dirigía el ataque armado a la ciudad. La lucha la terminó ganando el pueblo arequipeño, quien impuso como Presidente al jefe rebelde: Gral. Pedro Diez Canseco. En esa época, un tal "ccasa Morales" era un popular armero y fabricante de pólvora que tenía su taller en La Ranchería. La letra de "Los Monos" es como sigue: 

"El mono de Prado / ¿qué se pensaría, / entrar a Arequipa / con su artillería. / Ay monos, ay monos / contaditos están todos. / Esta artillería / iquién inventaría! / el ccasa Morales / de La Ranchería. / Ay monos, ay monos / contaditos están todos."

(6)"Chancame". Arequipeñismo por pronunciación defectuosa de la esdrú- jula: cháncame, que a su vez deriva del conocido americanismo Chan¬car, que significa, triturar.

(7)"Huevos". Antiguamente en el juego de carnaval, se utilizaba los cascarones de huevos de gallina, con una pequeñísima abertura y llenos con agua coloreada con airampo o anilinas, que se arrojaban los hombres y las mujeres entre sí. Las mujeres jugaban desde las azoteas, balcones o ventanas de sus casas; los hombres en pandillas recorrían las calles de la ciudad, turnándose —los señoritos utilizaban a un sirviente— para cargar los enormes canastones llenos con estos artefactos, que popularmente eran llamados: "huevos". La copla utiliza en doble sentido la palabra "huevos", como los artefactos del juego de carnaval y como los testículos de los pandilleros.

(8)          "Quedate", Arequipeñismo por pronunciación defectuosa de la esdrújula: quédate
(9)          "Indios pampeños". "La Pampa" era el nombre popular con que se conocía, antiguamente, al distrito arequipeño de Miraflores. Por su ubicación geográfica. La Pampa, era —y es— la entrada de los caminos y carretera que unen la ciudad de Arequipa con Puno. Esta ubicación, hace que en La Pampa (Miraflores) se ubiquen el mayor número de migrantes que vienen de Puno a residir en Arequipa, de ahí la connotación de discriminación racial: "los indios pampeños".

(10)        "Geta". Arequipeñismo. Labio, principalmente el inferior, cuando es extremadamente grande o abultado.

(11)        Esta copla carnavalesca, debió ser creada a principios del siglo veinte, cuando la acción de los liberal-independientes arequipeños, jefaturados por Mariano Lino Urquieta, era rechazada por los conservadores arequipeños, uno de cuyos grupos más visibles era la familia Muñoz Nájar que domiciliaba en La Pampa (Miraflores) y manejaba a muchos pampeños contra los liberales. La copla, obviamente, está hecha desde las tiendas liberales o urquietistas.

(12)        "Bicicletas". Arequipeñismo que, partiendo de la forma como se mane¬ja ese vehículo: montándolo, designa a las prostitutas o, simplemente, a las mujeres fáciles.

(13)        "Lacayote". Tipo de calabaza que produce abundantemente la campiña arequipeña. Su forma es regular: siempre ovoide. Su cáscara siempre es verde-limón. Su carne es más dura que la de la calabaza. La planta del lacayote produce varias cosechas, a diferencia de la de la calabaza que sólo tiene una cosecha.

(14)        "Ocote". Voz quechua que significa: ano.

(15)        "Quepe' guano". Arequipeñismo derivado del quechua, "quepe" o "que- pi" significa: atado, paquete de forma irregular que se lleva a la espalda sujeto con una tela. "Guano": se refiere al excremento de aves marinas o "guano de islas" que tradicionalmente se ha utilizado como fertilizante en la agricultura arequipeña.

(16)        Cayma. Nombre de un tradicional distrito rural de Arequipa, hoy convertido paralelamente en zona urbana residencial del más alto valor monetario.

(17)        "Tata cura": peruanismo. Vocativo afectuoso para referirse al cura de un poblado.

(18)        "Cojudo". Si tenemos en cuenta que la única acepción que le otorga la Academia de la Lengua a este vocablo: "Dícese del animal no castrado" (Diccionario de la lengua española. Decimonovena edición. Madrid. 1970. Pág. 319), éste, por extensión es un arequipeñismo, con el que se califica a una persona tonta, despreocupada o poco avispada. Esta copla se toma la licencia de tratar así al carnaval, por lo que se va o termina.

(19)        "Lonccos". Arequipeñismo con el que se nombra a los campesinos are- quipeños que al venir a la ciudad ponen en evidencia su poca urbanidad. En realidad, se trata de un despectivo.

(20)        "Meyando": meando, en la tradicional pronunciación popular arequipeña.


Juan Guillermo Carpió Muñoz







El Carnaval Tradicional arequipeño es con acompañamiento de guitarra y charango el más popular fue el del distrito de Miraflores ... es después que las melodias de Benigno Ballon fueron adoptadas por la población , entre los principales estilos y coplas tenemos los siguientes temas : (Haga click para escuchar)