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El Riu -Riu


La imaginación es muy grande en los niños, es indiscutible que antaño, la niñez fue más sana lejos de los actuales milagros tecnológicos, tiempos en donde el soló imaginar constituía la mejor diversión , es pues con la venida del progreso y con la industrialización de la cerveza cuando cierto accesorio metálico jugo un papel importante en la niñez de muchos de los niños arequipeños, estas fueron las “chapitas” que no es sino la tapa metálica que tenían las cervezas y bebidas gaseosas que ya para mediados del siglo XX eran muy populares los ccoros de antaño, hicieron que surgiera de la nada un juguete , este fue el Riu-Riu, he hizo su aparición al aplastar dicha chapa sea con un martillo, o para los que tenían más caicumén, usando las vías del tranvía colocándolos cuidadosamente y esperando que este les dé una mano aplastando la chapa para poder luego utilizarla en la confección de su juguete, El nombre provino del ruido que este hace al ejecutarlo, pero mejor dejemos que nos lo cuente Manuel Rodríguez Velásquez, (MAROVE) en una de sus estampas más entrañables:





 EL "RIU - RIU"

Con la cabeza cubierta por un huacali, un amplio sombrero de caída, la robusta mujer lavaba ropa bajo la rala sombra de un molle calato, sin hojas. El sol, que había escalado ya el cielo hasta cerca del cénit, aplastaba las cosas, los animales y el paisaje. Los desnutría privándolos de sombra. Todo era quietud. Hasta el aire había dejado de dialogar con las hojas de los sauces llorones que bordeaban las acequias. Por sus cabelleras desgreñadas y gachas, parecían dolientes de verde luto.

-              ¿Qué hacía huarocllando en el gallinero? - gritó de pronto la campesina a un rapazuelo chascoso, con el cabello revuelto, que jugaba en el interior de un gallinero hecho de sunchos y viejas maderas. En el patio de tierra del racay, una vivienda a punto de venirse a los suelos, el ají seco, el afrejolado y otros gallos y gallinas, buscaban lombrices en la acequia.

-              ¿Qué quiría qui haga mamita, pué? No tengo con que jugar... 

- se quejó el pequeñuelo. José se llamaba, y los granujas de los alrededores lo apodaron "Cuche Ccala", haciendo alusión a su gordura.

-              ¡Aunque seya ráscate las verijas! - volvió a tronar la mujer.

José, de cuclillas, abandonó el gallinero de mala gana. Una vez fuera se sentó en un sillar e hizo vagar la mirada por los alrededores. El silencio pesado y agobiante, a veces se interrumpía por algún grillo que hacía música con sus élitros.

¡Guelta carajo, guelta! * - se escuchó a lo lejos al gañan que roturaba la tierra de una chacra, a distancia, con una pareja de bueyes.

-              Andate a comprar a la tienda una espelma para poner a las almas benditas! ordenó la madre. José obedeció y se encaminó a la tienda por un sendero polvoriento, chupando un huiro. Al brincar la acequia para retomar el sendero interrumpido, un grupo de occollos se puso en estampida en el remanso. José arrojó lejos lo que le quedó del rajacho o tallo maduro del maíz que estuvo mascando y sorbiendo su dulce savia, asustando a un ruiseñor que, nervioso, emitió unos trinos, batió alas y voló hacia otro tapial cubierto de rosas silvestres, de esas cuyos pétalos

-              Según los chacareros - curan de chognis y de irritaciones de los ojos, preparadas en la tienda de abarrotes.

José cumplió con comprar la vela de cera al pagar recogió la tapa de una botella de cerveza. La guardó en el único bolsillo sin agujeros que tenía. La madre dejó de lavar y cogió la espelma. Prendió la mecha y la introdujo en un velero de hojalata. Fue a su cuarto y con ella iluminó a la toquita*, a la calavera, que le cuidaba la casa. Rezó ante ella y ante algunas estampas, y se marchó.

Afuera, José sacaba la tapa de metal de la botella de cerveza, con un clavo destruyó el corcho y enseguida con un martillo fue cuidadosamente laminándola. Después de cierto momento, el pequeño tuvo un disco metálico. Con el clavo que utilizó para eliminar el corcho perforó el disco dos veces, formando dos huecos centrales equidistantes. Finalmente hizo pasar una pita o cuerda por los agujeros y le hizo un nudo ciego. Con satisfacción contempló su obra: un riu-riu. Utilizando los dedos Índices, uno a cada extremo de la pita cerrada por el nudo, comenzó a estirarla y recogerla. Y el riu-riu giró y giró convirtiéndose en un disco apto para producir cortes. Y precisamente fue lo que efectuó José: cortar pequeños tallos, hojas, flores. Todo ello caía al suelo gillotinado, mientras él celebraba cada destrucción.

-              ¡Mamá mira mi riu-riu! - exclamó jubiloso.
-              ¡Cuidau que malogres algo pues te doy un tacnallanazo en la senca!
-              advirtió.

El mocoso prosiguió con su obra perjudicial yendo de un lado para otro. Y el modesto juguete fue cercenando plantas. En su desenfrenada distracción no advirtió la presencia de un vestido que pendía de un cordel y ¡zas! le hizo una brecha. El pequeño enmudeció, quedó lelo. Su madre, descontrolada por la ira al advertir el perjuicio, exclamó amenazadora:

-              ¡Te voy a llaucar los sesos, ti'haré* tragar huacacara! - corrió y cogió la reata y persiguió a su hijo que arrojó el riu-riu y corrió para ponerse a salvo de la azotaina.

La campesina se detuvo al borde de la acequia, cerca de la ronda, y la frustración la inmovilizó. Quedó con la reata en la diestra, maaoullando* su enojo. Y se volvió paso a paso, desconsolada.

-              Con lo caro que están las cosas - masculló - que hasta anchi vamos a comer.

El travieso niño quedó escondido entre sauces, matecllos y texaos, tembloroso. Las aguas rumorosas parecían burlarse de su drama corriendo incontenibles en la acequia.

Un chirote levantó su vuelo vertical, lanzó su canto mostrando el rojo plumaje de su pecho y volvió con igual presteza al trigal. Y era que la tarde se pronunciaba. El hambre le mortificó el estómago. Dejó su escondite y apenado, volvió al racay subrepticiamente se introdujo en la humilde morada y comió lo que pudo hallar. Se tendió sobre unos cueros de carnero y quedó de espaldas mirando el techo pajizo donde una araña succionaba la vida a una mosca que había atrapado.

-              ¡Cómo quisiera tener mi riu-riu - dijo - pa'cortar mi pena!

Y una lágrima furtiva se deslizó por sus mejillas.


*Ti 'haré: por te haré.
*Guelta: por vuelta
*Maaoullando: por maullando.
*Toquita: Diminutivo de Toca. Vea Toca , en el recuadro.


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Diccionario de arequipeñismos, Juan Guillermo Carpio Muñoz.